JÓVENES

“¿Deseas que Dios te hable mucho, mucho, mucho? Abre tu Biblia y léela mucho, mucho, mucho”

Capítulos 1 al 46

LIBRO 1

El justo y los pecadores

1 Bienaventurado el varón
que no anduvo en consejo de malos,
ni estuvo en camino de pecadores,
ni en silla de escarnecedores se ha sentado,
2 sino que en la ley de Jehová está su delicia
y en su Ley medita de día y de noche.
3 Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas,
que da su fruto en su tiempo
y su hoja no cae,
y todo lo que hace prosperará.

4 No así los malos,
que son como el tamo que arrebata el viento.
5 Por tanto, no se levantarán los malos en el juicio
ni los pecadores en la congregación de los justos,

6 porque Jehová conoce el camino de los justos,
mas la senda de los malos perecerá.

El reino del ungido de Jehová

2 ¿Por qué se amotinan las gentes
y los pueblos piensan cosas vanas?
2 Se levantarán los reyes de la tierra,
y príncipes conspirarán
contra Jehová y contra su ungido, diciendo:
3 «Rompamos sus ligaduras
y echemos de nosotros sus cuerdas.»

4 El que mora en los cielos se reirá;
el Señor se burlará de ellos.
5 Luego les hablará en su furor,
y los turbará con su ira:
6 «Yo he puesto mi rey
sobre Sión, mi santo monte.»

7 Yo publicaré el decreto;
Jehová me ha dicho: «Mi hijo eres tú;
yo te engendré hoy.
8 Pídeme, y te daré por herencia las naciones
y como posesión tuya los confines de la tierra.
9 Los quebrantarás con vara de hierro;
como a vasija de alfarero los desmenuzarás.»

10 Ahora, pues, reyes, sed prudentes;
admitid amonestación, jueces de la tierra.
11 Servid a Jehová con temor
y alegraos con temblor.
12 Honrad al Hijo,
para que no se enoje y perezcáis en el camino,
pues se inflama de pronto su ira.

¡Bienaventurados todos los que en él confían!

Oración matutina de confianza en Dios

Salmo de David, cuando huía de delante de su hijo Absalón.

3 ¡Jehová, cuánto se han multiplicado mis adversarios!
Muchos son los que se levantan contra mí;
2 muchos son los que dicen de mí:
«No hay para él salvación en Dios.» Selah

3 Mas tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí;
mi gloria, y el que levanta mi cabeza.
4 Con mi voz clamé a Jehová
y él me respondió desde su monte santo. Selah

5 Yo me acosté y dormí,
y desperté, porque Jehová me sustentaba.
6 No temeré ni a una gran multitud
que ponga sitio contra mí.

7 ¡Levántate, Jehová! ¡Sálvame, Dios mío!
Tú heriste en la mejilla a todos mis enemigos;
los dientes de los perversos rompiste.

8 La salvación es de Jehová.
¡Sobre tu pueblo sea tu bendición! Selah

Oración vespertina de confianza en Dios

Al músico principal; sobre Neginot. Salmo de David

4 ¡Respóndeme cuando clamo, Dios, justicia mía!
Cuando estaba en angustia, tú me diste alivio.
Ten misericordia de mí y oye mi oración.

2 Hijos de los hombres, ¿hasta cuándo volveréis mi honra en infamia,
amaréis la vanidad y buscaréis la mentira? Selah
3 Sabed, pues, que Jehová ha escogido al piadoso para sí;
Jehová oirá cuando yo a él clame.

4 ¡Temblad y no pequéis!
Meditad en vuestro corazón estando en vuestra cama, y callad. Selah
5 Ofreced sacrificios de justicia
y confiad en Jehová.

6 Muchos son los que dicen: «¿Quién nos mostrará el bien?»
Alza sobre nosotros, Jehová, la luz de tu rostro.
7 Tú diste alegría a mi corazón,
mayor que la de ellos cuando abundaba su grano y su mosto.

8 En paz me acostaré y asimismo dormiré,
porque sólo tú, Jehová, me haces vivir confiado.

Plegaria pidiendo protección

Al músico principal; sobre Nehilot. Salmo de David

5 Escucha, Jehová, mis palabras;
considera mi gemir.
2 Atiende a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío,
porque a ti oraré.
3 Jehová, de mañana oirás mi voz;
de mañana me presentaré delante de ti
y esperaré.

4 Porque tú no eres un Dios que se complace en la maldad,
el malo no habitará junto a ti.
5 Los insensatos no estarán delante de tus ojos;
aborreces a todos los que hacen iniquidad.
6 Destruirás a los que hablan mentira;
al hombre sanguinario y engañador abominará Jehová.

7 Mas yo entraré en tu casa por la abundancia de tu misericordia;
adoraré con reverencia hacia tu santo Templo.
8 Guíame, Jehová, en tu justicia,
a causa de mis enemigos;
endereza delante de mí tu camino.

9 En la boca de ellos no hay sinceridad;
su interior está lleno de maldad,
sepulcro abierto es su garganta,
su lengua es mentirosa.
10 ¡Castígalos, Dios!
¡Caigan por sus mismas intrigas!
Por la multitud de sus transgresiones échalos fuera,
porque se rebelaron contra ti.

11 Pero alégrense todos los que en ti confían;
den voces de júbilo para siempre,
porque tú los defiendes;
en ti se regocijen los que aman tu nombre.
12 Tú, Jehová, bendecirás al justo;
como con un escudo lo rodearás de tu favor.

Oración pidiendo misericordia en tiempo de prueba

Al músico principal; en Neginot, sobre Seminit. Salmo de David

6 Jehová, no me reprendas en tu enojo
ni me castigues con tu ira.
2 Ten misericordia de mí, Jehová, porque estoy enfermo;
sáname, Jehová, porque mis huesos se estremecen.
3 Mi alma también está muy turbada;
y tú, Jehová, ¿hasta cuándo?

4 Vuélvete, Jehová, libra mi alma.
¡Sálvame por tu misericordia!,
5 porque en la muerte no hay memoria de ti;
en el seol, ¿quién te alabará?

6 Me he consumido a fuerza de gemir;
de llanto inundo mi lecho todas las noches,
riego mi cama con mis lágrimas.
7 Mis ojos están gastados de sufrir;
se han envejecido a causa de todos mis angustiadores.

8 ¡Apartaos de mí, todos los hacedores de maldad,
porque Jehová ha oído la voz de mi lloro!
9 Jehová ha oído mi ruego;
ha recibido Jehová mi oración.
10 Se avergonzarán y se turbarán mucho todos mis enemigos;
se volverán y, de repente, serán avergonzados.

Plegaria pidiendo vindicación

Sigaión de David, que cantó a Jehová acerca de las palabras de Cus, hijo de Benjamín.

7 Jehová, Dios mío, en ti he confiado;
de todos los que me persiguen sálvame y líbrame,
2 no sea que desgarren mi alma cual león
y me destrocen sin que haya quien me libre.

3 Jehová, Dios mío, si de algo soy culpable,
si hay en mis manos iniquidad,
4 si he dado mal pago al que estaba en paz conmigo
(al contrario, he libertado al que sin causa era mi enemigo),
5 que me persiga el enemigo y me alcance,
que pisotee en tierra mi vida
y mi honra ponga en el polvo. Selah

6 ¡Levántate, Jehová, en tu ira!
¡Álzate en contra de la furia de mis angustiadores
y despierta en favor mío el juicio que mandaste!
7 Te rodeará una congregación de pueblos
y sobre ella vuélvete a sentar en alto.
8 Jehová juzgará a los pueblos.
Júzgame, Jehová, conforme a mi justicia
y conforme a mi integridad.
9 Termine ahora la maldad de los malvados,
mas establece tú al justo,
porque el Dios justo prueba la mente y el corazón.

10 Mi escudo está en Dios,
que salva a los rectos de corazón.
11 Dios es juez justo;
y Dios está airado contra el impío todos los días.
12 Si no se arrepiente, él afilará su espada;
armado tiene ya su arco y lo ha preparado.
13 Asimismo ha preparado armas de muerte
y ha hecho saetas ardientes.

14 El impío concibió maldad,
se preñó de iniquidad y dio a luz engaño.
15 Pozo ha cavado y lo ha ahondado;
pero en el hoyo que hizo, caerá.
16 ¡Su iniquidad recaerá sobre su cabeza
y su agravio caerá sobre su propia coronilla!

17 Alabaré a Jehová conforme a su justicia
y cantaré al nombre de Jehová, el Altísimo.

La gloria de Dios y la honra del hombre

Al músico principal; sobre Gitit. Salmo de David

8 ¡Jehová, Señor nuestro,
cuán grande es tu nombre en toda la tierra!

¡Has puesto tu gloria
sobre los cielos!
2 De la boca de los niños y de los que aún maman,
fundaste la fortaleza a causa de tus enemigos,
para hacer callar al enemigo y al vengativo.

3 Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos,
la luna y las estrellas que tú formaste,
4 digo: «¿Qué es el hombre para que tengas de él memoria,
y el hijo del hombre para que lo visites?»

5 Lo has hecho poco menor que los ángeles
y lo coronaste de gloria y de honra.
6 Lo hiciste señorear sobre las obras de tus manos;
todo lo pusiste debajo de sus pies:
7 ovejas y bueyes, todo ello,
y asimismo las bestias del campo,
8 las aves del cielo y los peces del mar;
¡todo cuanto pasa por los senderos del mar!

9 ¡Jehová, Señor nuestro,
cuán grande es tu nombre en toda la tierra!

Acción de gracias por la justicia de Dios

Al músico principal; sobre Mut-labén. Salmo de David

9 Te alabaré, Jehová, con todo mi corazón.
Contaré todas tus maravillas.
2 Me alegraré y me regocijaré en ti;
cantaré a tu nombre, Altísimo.

3 Mis enemigos se volvieron atrás;
cayeron y perecieron delante de ti.
4 Has mantenido mi derecho y mi causa;
te has sentado en el trono juzgando con justicia.

5 Reprendiste a las naciones, destruiste al malo;
¡borraste el nombre de ellos eternamente y para siempre!
6 Los enemigos han perecido;
han quedado desolados para siempre;
y las ciudades que derribaste,
su memoria pereció con ellas.
7 Pero Jehová permanecerá para siempre;
ha dispuesto su trono para juicio.
8 Él juzgará al mundo con justicia
y a los pueblos con rectitud.

9 Jehová será refugio del pobre,
refugio para el tiempo de angustia.
10 En ti confiarán los que conocen tu nombre,
por cuanto tú, Jehová, no desamparaste a los que te buscaron.

11 Cantad a Jehová, que habita en Sión;
publicad entre los pueblos sus obras.
12 El que demanda la sangre se acordó de ellos;
no se olvidó del clamor de los afligidos.

13 Ten misericordia de mí, Jehová;
mira la aflicción que padezco a causa de los que me aborrecen,
tú, que me levantas de las puertas de la muerte
14 para que cuente todas tus alabanzas
a las puertas de Sión,
y me goce en tu salvación.

15 Se hundieron las naciones en el hoyo que hicieron;
en la red que escondieron fue atrapado su pie.
16 Jehová se ha hecho conocer en el juicio que ejecutó;
en la obra de sus manos fue enlazado el malo. Higaión. Selah

17 Los malos serán trasladados al seol,
todas las naciones que se olvidan de Dios.

18 No para siempre será olvidado el menesteroso,
ni la esperanza de los pobres perecerá perpetuamente.

19 Levántate, Jehová; no se fortalezca el hombre;
sean juzgadas las naciones delante de ti.
20 Infunde, Jehová, tu temor en ellos;
¡conozcan las naciones que no son sino hombres! Selah

Plegaria pidiendo la destrucción de los malvados

10 ¿Por qué estás lejos, Jehová,
y te escondes en el tiempo de la tribulación?

2 Con arrogancia, el malo persigue al pobre;
será atrapado en las trampas que ha preparado.
3 El malo se jacta del deseo de su alma,
bendice al codicioso y desprecia a Jehová;
4 el malo, por la altivez de su rostro, no busca a Dios;
no hay Dios en ninguno de sus pensamientos.
5 Sus caminos son torcidos en todo tiempo;
tus juicios los tiene muy lejos de su vista;
a todos sus adversarios desprecia.
6 Dice en su corazón: «No caeré jamás;
nunca me alcanzará la desgracia.»
7 Llena está su boca de maldición y de engaños y fraude;
debajo de su lengua hay insulto y maldad.
8 Se sienta al acecho cerca de las aldeas;
en escondrijos mata al inocente.
Sus ojos están acechando al desvalido,
9 acecha en oculto, como el león desde su cueva;
acecha para atrapar al pobre;
atrapa al pobre trayéndolo a su red.
10 Se encoge, se agacha,
y en sus fuertes garras caen muchos desdichados.
11 Dice en su corazón: «Dios lo olvida;
cubre su rostro, nunca ve nada.»

12 ¡Levántate, Jehová Dios, alza tu mano!
¡No te olvides de los pobres!
13 ¿Por qué desprecia el malo a Dios?
En su corazón ha dicho: «Tú no habrás de pedir cuentas.»

14 Tú lo has visto, porque miras el trabajo y la vejación,
para dar la recompensa con tu mano;
a ti se acoge el desvalido;
tú eres el amparo del huérfano.

15 ¡Rompe el brazo del inicuo
y castiga la maldad del malo hasta que no halles ninguna!
16 Jehová es Rey eternamente y para siempre;
de su tierra desaparecerán las naciones.

17 El deseo de los humildes oíste, Jehová;
tú los animas y les prestas atención.
18 Tú haces justicia al huérfano y al oprimido,
a fin de que no vuelva más a hacer violencia el hombre de la tierra.

El refugio del justo

Al músico principal. Salmo de David

11 En Jehová he confiado;
¿cómo decís a mi alma
que escape al monte cual ave?,
2 porque los malos tienden el arco,
disponen sus saetas sobre la cuerda,
para lanzarlas en oculto
a los rectos de corazón.
3 Si son destruidos los fundamentos,
¿qué puede hacer el justo?

4 Jehová está en su santo Templo;
Jehová tiene en el cielo su trono;
sus ojos observan,
sus párpados examinan a los hijos de los hombres.
5 Jehová prueba al justo;
pero al malo y al que ama la violencia
los repudia su alma.
6 Sobre los malos hará llover calamidades;
fuego, azufre y viento abrasador serán la porción de su copa.
7 Porque Jehová es justo y ama la justicia,
el hombre recto verá su rostro.

Oración pidiendo ayuda contra los malos

Al músico principal; sobre Seminit. Salmo de David

12 Salva, Jehová, porque se acabaron los piadosos,
porque han desaparecido los fieles de entre los hijos de los hombres.
2 Habla mentira cada cual con su prójimo;
adulan con los labios, pero con doblez de corazón.

3 Jehová destruirá todos los labios aduladores,
y la lengua que habla con jactancia;
4 a los que han dicho: «Por nuestra lengua prevaleceremos,
nuestros labios son nuestros, ¿quién es señor de nosotros?»

5 «Por la opresión de los pobres, por el gemido de los necesitados,
ahora me levantaré —dice Jehová—,
pondré a salvo al que por ello suspira.»
6 Las palabras de Jehová son palabras limpias,
como plata refinada en horno de barro,
purificada siete veces.

7 Tú, Jehová, los guardarás;
los preservarás para siempre de esta generación.
8 Rondando andan los malos
cuando la infamia es enaltecida entre los hijos de los hombres.

Plegaria pidiendo ayuda en la aflicción

Al músico principal. Salmo de David

13 ¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Me olvidarás para siempre?
¿Hasta cuándo esconderás de mí tu rostro?
2 ¿Hasta cuándo tendré conflictos en mi alma,
con angustias en mi corazón cada día?
¿Hasta cuándo será enaltecido mi enemigo sobre mí?

3 Mira, respóndeme, Jehová, Dios mío;
alumbra mis ojos, para que no duerma de muerte,
4 para que no diga mi enemigo: «Lo vencí.»
Mis enemigos se alegrarán si yo resbalo.

5 Mas yo en tu misericordia he confiado;
mi corazón se alegrará en tu salvación.
6 Cantaré a Jehová
porque me ha hecho bien.

Necedad y corrupción del hombre(A)

Al músico principal. Salmo de David

14 Dice el necio en su corazón:
«No hay Dios.»
Se han corrompido, hacen obras despreciables,
no hay quien haga lo bueno.

2 Jehová miró desde los cielos
sobre los hijos de los hombres,
para ver si había algún entendido
que buscara a Dios.
3 Todos se desviaron,
a una se han corrompido;
no hay quien haga lo bueno,
no hay ni siquiera uno.

4 ¿No tienen discernimiento todos los que cometen maldad,
que devoran a mi pueblo como si comieran pan
y no invocan a Jehová?
5 Ellos temblarán de espanto,
porque Dios está con la generación de los justos.
6 De los planes del pobre se han burlado,
pero Jehová es su esperanza.

7 ¡Ah, si de Sión viniera la salvación de Israel!
Cuando Jehová haga volver a los cautivos de su pueblo,
se gozará Jacob, se alegrará Israel.

Los que habitarán en el monte santo de Dios

Salmo de David

15 Jehová, ¿quién habitará en tu Tabernáculo?,
¿quién morará en tu monte santo?
2 El que anda en integridad y hace justicia;
el que habla verdad en su corazón;
3 el que no calumnia con su lengua
ni hace mal a su prójimo
ni admite reproche alguno contra su vecino;
4 aquel a cuyos ojos el indigno es menospreciado,
pero honra a los que temen a Jehová;
el que aun jurando en perjuicio propio, no por eso cambia;
5 quien su dinero no dio a usura
ni contra el inocente admitió soborno.

El que hace estas cosas, no resbalará jamás.

Una herencia escogida

Mictam de David

16 Guárdame, Dios,
porque en ti he confiado.

2 Alma mía, dijiste a Jehová:
«Tú eres mi Señor;
no hay para mí bien fuera de ti.»

3 Para los santos que están en la tierra
y para los íntegros es toda mi complacencia.
4 Se multiplicarán los dolores de aquellos
que sirven diligentes a otro dios.
No ofreceré yo sus libaciones de sangre
ni en mis labios tomaré sus nombres.

5 Jehová es la porción de mi herencia y de mi copa;
tú aseguras mi suerte.
6 Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos
y es hermosa la heredad que me ha tocado.

7 Bendeciré a Jehová que me aconseja;
aun en las noches me enseña mi conciencia.
8 A Jehová he puesto siempre delante de mí;
porque está a mi diestra, no seré conmovido.

9 Se alegró por tanto mi corazón y se gozó mi alma;
mi carne también descansará confiadamente,
10 porque no dejarás mi alma en el seol,
ni permitirás que tu santo vea corrupción.
11 Me mostrarás la senda de la vida;
en tu presencia hay plenitud de gozo,
delicias a tu diestra para siempre.

Plegaria pidiendo protección contra los opresores

Oración de David

17 Oye, Jehová, una causa justa;
atiende a mi clamor.
Escucha mi oración
hecha de labios sin engaño.
2 De tu presencia proceda mi defensa;
vean tus ojos la rectitud.

3 Tú has probado mi corazón, me has visitado de noche;
me has puesto a prueba y nada malo hallaste.
He resuelto que mi boca no cometa delito.
4 En cuanto a las obras humanas,
por la palabra de tus labios
yo me he guardado de las sendas de los violentos.
5 Afirma mis pasos en tus caminos,
para que mis pies no resbalen.

6 Yo te he invocado por cuanto tú, Dios, me oirás;
inclina a mí tu oído, escucha mi palabra.
7 Muestra tus maravillosas misericordias,
tú que salvas a los que se refugian a tu diestra
de los que se levantan contra ellos.
8 Guárdame como a la niña de tus ojos;
escóndeme bajo la sombra de tus alas,
9 de la vista de los malos que me oprimen,
de mis enemigos que buscan mi vida.

10 Envueltos están en su gordura;
con su boca hablan arrogantemente.
11 Han cercado ahora nuestros pasos;
tienen puestos sus ojos para echarnos por tierra.
12 Son como león que ansía agarrar su presa
y como leoncillo que está en su escondite.

13 Levántate, Jehová; sal a su encuentro, derríbalos;
libra mi vida de los malos con tu espada,
14 de los hombres, con tu mano, Jehová,
de los hombres de este mundo,
para quienes lo mejor es esta vida,
y cuyo vientre está lleno de tus bienes.
Sacian a sus hijos
y aun les sobra para sus pequeños.

15 En cuanto a mí, veré tu rostro en justicia;
estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza.

Acción de gracias por la victoria(A)

Al músico principal. Salmo de David, siervo de Jehová, el cual dirigió a Jehová las palabras de este cántico el día que lo libró Jehová de manos de todos sus enemigos, y de manos de Saúl. Entonces dijo:

18 Te amo, Jehová, fortaleza mía.
2 Jehová, roca mía y castillo mío, mi libertador;
Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré;
mi escudo y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio.
3 Invocaré a Jehová, quien es digno de ser alabado,
y seré salvo de mis enemigos.

4 Me rodearon los lazos de la muerte
y los torrentes de la destrucción me atemorizaron.
5 Los lazos del seol me han rodeado,
me tendieron redes de muerte.

6 En mi angustia invoqué a Jehová
y clamé a mi Dios.
Él oyó mi voz desde su Templo
y mi clamor llegó hasta sus oídos.

7 La tierra fue conmovida y tembló;
se conmovieron los cimientos de los montes
y se estremecieron, porque se indignó él.
8 Humo subió de su nariz
y de su boca fuego consumidor;
carbones fueron por él encendidos.
9 Inclinó los cielos y descendió,
y había densas tinieblas debajo de sus pies.
10 Cabalgó sobre un querubín y voló;
voló sobre las alas del viento.
11 Puso tinieblas por su escondite, por cortina suya a su alrededor;
oscuridad de aguas, nubes de los cielos.
12 Por el resplandor de su presencia, pasaron sus nubes:
granizo y carbones ardientes.
13 Tronó en los cielos Jehová,
el Altísimo dio su voz:
granizo y carbones de fuego.
14 Envió sus saetas y los dispersó;
lanzó relámpagos y los destruyó.
15 Entonces aparecieron los abismos de las aguas
y quedaron al descubierto los cimientos del mundo:
a tu reprensión, Jehová,
por el soplo del aliento de tu nariz.
16 Envió desde lo alto y me tomó,
me sacó de las muchas aguas.
17 Me libró de mi poderoso enemigo
y de los que me aborrecían, pues eran más fuertes que yo.
18 Me asaltaron en el día de mi desgracia,
pero Jehová fue mi apoyo.
19 Me sacó a lugar espacioso;
me libró, porque se agradó de mí.

20 Jehová me ha premiado conforme a mi justicia;
conforme a la limpieza de mis manos me ha recompensado,
21 porque yo he guardado los caminos de Jehová,
y no me aparté impíamente de mi Dios,
22 pues delante de mí estuvieron todos sus juicios,
y no me he apartado de sus estatutos.
23 Fui recto para con él
y me he guardado de hacer lo malo,
24 por lo cual me ha recompensado Jehová conforme a mi justicia,
conforme a la limpieza de mis manos delante de sus ojos.

25 Con el misericordioso te mostrarás misericordioso,
y recto con el hombre íntegro.
26 Limpio te mostrarás con el limpio
y severo serás para con el tramposo,
27 porque tú salvarás al pueblo afligido
y humillarás los ojos altivos.
28 Tú encenderás mi lámpara;
Jehová, mi Dios, alumbrará mis tinieblas.
29 Contigo desbarataré ejércitos
y con mi Dios asaltaré ciudades amuralladas.

30 En cuanto a Dios, perfecto es su camino
y acrisolada la palabra de Jehová;
escudo es a todos los que en él esperan.
31 ¿Quién es Dios sino sólo Jehová?
¿Y qué roca hay fuera de nuestro Dios?
32 Dios es el que me reviste de poder
y quien hace perfecto mi camino;
33 quien hace mis pies como de venados
y me hace estar firme sobre mis alturas;
34 quien adiestra mis manos para la batalla,
para tensar con mis brazos el arco de bronce.
35 Me diste asimismo el escudo de tu salvación;
tu diestra me sustentó
y tu benignidad me ha engrandecido.
36 Ensanchaste mis pasos debajo de mí
y mis pies no han resbalado.

37 Perseguí a mis enemigos y los alcancé;
no volví hasta acabarlos.
38 Los herí de modo que no se levantaran;
cayeron debajo de mis pies,
39 pues me has revestido de fuerzas para el combate;
has humillado a mis enemigos debajo de mí.
40 Has hecho que mis enemigos me vuelvan las espaldas,
para que yo destruya a los que me odian.
41 Clamaron, y no hubo quien salvara;
aun a Jehová, pero no los oyó.
42 Los molí como polvo delante del viento;
los lancé afuera como a lodo de las calles.

43 Me has librado de las contiendas del pueblo;
me has hecho cabeza de las naciones;
pueblo que yo no conocía me sirvió.
44 Al oír de mí, me obedecieron;
los hijos de extraños se sometieron a mí.
45 Los extraños se debilitaron
y salieron temblando de sus encierros.

46 ¡Viva Jehová y bendita sea mi roca!
Y enaltecido sea el Dios de mi salvación,
47 el Dios que venga mis agravios
y somete pueblos debajo de mí,
48 el que me libra de mis enemigos
e incluso me eleva sobre los que se levantan contra mí.
Me libraste de hombre violento.

49 Por tanto yo te confesaré entre las naciones, Jehová,
y cantaré a tu nombre.
50 Grandes triunfos da a su rey
y hace misericordia a su ungido,
a David y a su descendencia para siempre.

Las obras y la palabra de Dios

Al músico principal. Salmo de David

19 Los cielos cuentan la gloria de Dios
y el firmamento anuncia la obra de sus manos.
2 Un día emite palabra a otro día
y una noche a otra noche declara sabiduría.
3 No hay lenguaje ni palabras
ni es oída su voz.
4 Por toda la tierra salió su voz
y hasta el extremo del mundo sus palabras.

En ellos puso tabernáculo para el sol;
5 y éste, como esposo que sale de su alcoba,
se alegra cual gigante para correr el camino.
6 De un extremo de los cielos es su salida
y su curso hasta el término de ellos.
Nada hay que se esconda de su calor.

7 La ley de Jehová es perfecta:
convierte el alma;
el testimonio de Jehová es fiel:
hace sabio al sencillo.
8 Los mandamientos de Jehová son rectos:
alegran el corazón;
el precepto de Jehová es puro:
alumbra los ojos.
9 El temor de Jehová es limpio:
permanece para siempre;
los juicios de Jehová son verdad:
todos justos.
10 Deseables son más que el oro,
más que mucho oro refinado;
y dulces más que la miel,
la que destila del panal.
11 Tu siervo es, además, amonestado con ellos;
en guardarlos hay gran recompensa.

12 ¿Quién puede discernir sus propios errores?
Líbrame de los que me son ocultos.
13 Preserva también a tu siervo de las soberbias,
que no se enseñoreen de mí.
Entonces seré íntegro
y estaré libre de gran rebelión.

14 ¡Sean gratos los dichos de mi boca
y la meditación de mi corazón delante de ti,
Jehová, roca mía y redentor mío!

Oración pidiendo la victoria

Al músico principal. Salmo de David

20 Jehová te escuche en el día de conflicto;
el nombre del Dios de Jacob te defienda.
2 Te envíe ayuda desde el santuario
y desde Sión te sostenga.
3 Traiga a la memoria todas tus ofrendas
y acepte tu holocausto. Selah
4 Te dé conforme al deseo de tu corazón
y cumpla todos tus planes.
5 Nosotros nos alegraremos en tu salvación
y alzaremos bandera en el nombre de nuestro Dios.
Conceda Jehová todas tus peticiones.

6 Ahora conozco que Jehová salva a su ungido;
lo atenderá desde sus santos cielos
con la potencia salvadora de su diestra.
7 Estos confían en carros, y aquellos en caballos;
mas nosotros del nombre de Jehová, nuestro Dios, haremos memoria.
8 Ellos flaquean y caen,
mas nosotros nos levantamos y resistimos a pie firme.

9 Salva, Jehová;
que el Rey nos oiga en el día que lo invoquemos.

Alabanza por haber sido librado del enemigo

Al músico principal. Salmo de David

21 El rey se alegra en tu poder, Jehová;
y en tu salvación, ¡cómo se goza!
2 Le has concedido el deseo de su corazón
y no le negaste la petición de sus labios, Selah
3 porque le has salido al encuentro con bendiciones de bien;
corona de oro fino has puesto sobre su cabeza.
4 Vida te demandó y se la diste;
largura de días eternamente y para siempre.
5 Grande es su gloria por tu salvación;
honra y majestad has puesto sobre él.
6 Lo has bendecido para siempre;
lo llenaste de alegría con tu presencia.
7 Por cuanto el rey confía en Jehová,
y por la misericordia del Altísimo, no será conmovido.

8 Alcanzará tu mano a todos tus enemigos;
tu diestra alcanzará a los que te aborrecen.
9 Los pondrás como horno de fuego
en el tiempo de tu ira;
Jehová los deshará en su ira
y el fuego los consumirá.
10 Su fruto destruirás de la tierra
y su descendencia de entre los hijos de los hombres,
11 porque intentaron el mal contra ti,
fraguaron maquinaciones, pero no prevalecerán,
12 pues tú los pondrás en fuga;
en tus cuerdas dispondrás saetas contra sus rostros.

13 ¡Engrandécete, Jehová, en tu poder!
¡Cantaremos y alabaremos tu poderío!

Un grito de angustia y un canto de alabanza

Al músico principal; sobre Ajelet-sahar. Salmo de David

22 Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?
¿Por qué estás tan lejos de mi salvación
y de las palabras de mi clamor?
2 Dios mío, clamo de día y no respondes;
y de noche no hay para mí descanso.

3 Pero tú eres santo,
tú que habitas entre las alabanzas de Israel.
4 En ti esperaron nuestros padres;
esperaron y tú los libraste.
5 Clamaron a ti y fueron librados;
confiaron en ti y no fueron avergonzados.

6 Pero yo soy gusano y no hombre;
oprobio de los hombres y despreciado del pueblo.
7 Todos los que me ven se burlan de mí;
tuercen la boca y menean la cabeza, diciendo:
8 «Se encomendó a Jehová, líbrelo él;
sálvelo, puesto que en él se complacía.»

9 Pero tú eres el que me sacó del vientre,
el que me hizo estar confiado
desde que estaba en el regazo de mi madre.
10 A ti fui encomendado desde antes de nacer;
desde el vientre de mi madre, tú eres mi Dios.
11 No te alejes de mí,
porque la angustia está cerca
y no hay quien me ayude.

12 Me han rodeado muchos toros;
fuertes toros de Basán me han cercado.
13 Abrieron contra mí su boca
como león rapaz y rugiente.

14 He sido derramado como el agua
y todos mis huesos se descoyuntaron.
Mi corazón fue como cera,
derritiéndose dentro de mí.
15 Como un tiesto se secó mi vigor
y mi lengua se pegó a mi paladar.
¡Me has puesto en el polvo de la muerte!

16 Perros me han rodeado;
me ha cercado una banda de malignos;
desgarraron mis manos y mis pies.
17 ¡Contar puedo todos mis huesos!
Entre tanto, ellos me miran y me observan.
18 Repartieron entre sí mis vestidos
y sobre mi ropa echaron suertes.

19 Mas tú, Jehová, ¡no te alejes!
Fortaleza mía, ¡apresúrate a socorrerme!
20 Libra de la espada mi alma,
del poder del perro mi vida.
21 Sálvame de la boca del león
y líbrame de los cuernos de los toros salvajes.

22 Anunciaré tu nombre a mis hermanos;
en medio de la congregación te alabaré.
23 Los que teméis a Jehová, ¡alabadlo!
¡Glorificadlo, descendencia toda de Jacob!
¡Temedlo vosotros, descendencia toda de Israel!,
24 porque no menospreció ni rechazó el dolor del afligido,
ni de él escondió su rostro,
sino que cuando clamó a él, lo escuchó.

25 De ti será mi alabanza en la gran congregación;
mis votos pagaré delante de los que lo temen.
26 Comerán los humildes hasta quedar saciados;
alabarán a Jehová los que lo buscan;
vivirá vuestro corazón para siempre.

27 Se acordarán y se volverán a Jehová
todos los confines de la tierra,
y todas las familias de las naciones
adorarán delante de ti,
28 porque de Jehová es el reino
y él regirá las naciones.

29 Comerán y adorarán todos los poderosos de la tierra;
se postrarán delante de él todos los que descienden al polvo,
aun el que no puede conservar la vida a su propia alma.
30 La posteridad lo servirá;
esto será contado de Jehová hasta la postrera generación.
31 Vendrán y anunciarán su justicia;
a pueblo no nacido aún, anunciarán que él hizo esto.

Jehová es mi pastor

Salmo de David

23 Jehová es mi pastor, nada me faltará.
2 En lugares de delicados pastos me hará descansar;
junto a aguas de reposo me pastoreará.
3 Confortará mi alma.
Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.

4 Aunque ande en valle de sombra de muerte,
no temeré mal alguno,
porque tú estarás conmigo;
tu vara y tu cayado me infundirán aliento.

5 Aderezas mesa delante de mí
en presencia de mis angustiadores;
unges mi cabeza con aceite;
mi copa está rebosando.
6 Ciertamente, el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida,
y en la casa de Jehová moraré por largos días.

El rey de gloria

Salmo de David

24 De Jehová es la tierra y su plenitud,
el mundo y los que en él habitan,
2 porque él la fundó sobre los mares
y la afirmó sobre los ríos.

3 ¿Quién subirá al monte de Jehová?
¿Y quién estará en su lugar santo?
4 El limpio de manos y puro de corazón;
el que no ha elevado su alma a cosas vanas
ni ha jurado con engaño.
5 Él recibirá bendición de Jehová
y justicia del Dios de salvación.
6 Tal es la generación de los que lo buscan,
de los que buscan tu rostro, Dios de Jacob. Selah

7     ¡Alzad, puertas, vuestras cabezas!
    ¡Alzaos vosotras, puertas eternas,
    y entrará el Rey de gloria!
8 ¿Quién es este Rey de gloria?
¡Jehová el fuerte y valiente,
Jehová el poderoso en batalla!
9     ¡Alzad, puertas, vuestras cabezas!
    ¡Alzaos vosotras, puertas eternas,
    y entrará el Rey de gloria!
10 ¿Quién es este Rey de gloria?
¡Es Jehová de los ejércitos!
¡Él es el Rey de gloria! Selah

David implora dirección, perdón y protección

Salmo de David

25 A ti, Jehová, levantaré mi alma.
2 Dios mío, en ti confío;
no sea yo avergonzado.
¡No se alegren de mí mis enemigos!
3 Ciertamente, no será confundido ninguno de cuantos esperan en ti;
serán avergonzados los que se rebelan sin causa.

4 Muéstrame, Jehová, tus caminos;
enséñame tus sendas.
5 Encamíname en tu verdad y enséñame,
porque tú eres el Dios de mi salvación;
en ti he esperado todo el día.

6 Acuérdate, Jehová, de tus piedades y de tus misericordias,
que son perpetuas.
7 De los pecados de mi juventud y de mis rebeliones no te acuerdes.
Conforme a tu misericordia acuérdate, Jehová, de mí,
por tu bondad.

8 Bueno y recto es Jehová;
por tanto, él enseñará a los pecadores el camino.
9 Encaminará a los humildes en la justicia
y enseñará a los mansos su carrera.
10 Todas las sendas de Jehová son misericordia y verdad
para los que guardan su pacto y sus testimonios.

11 Por amor de tu nombre, Jehová,
perdonarás también mi pecado, que es grande.
12 ¿Quién es el hombre que teme a Jehová?
Él le enseñará el camino que ha de escoger.
13 Gozará él de bienestar
y su descendencia heredará la tierra.
14 La comunión íntima de Jehová es con los que lo temen,
y a ellos hará conocer su pacto.
15 Mis ojos siempre se dirigen hacia Jehová,
porque él saca mis pies de la red.

16 Mírame y ten misericordia de mí,
porque estoy solo y afligido.
17 Las angustias de mi corazón se han aumentado;
sácame de mis congojas.
18 Mira mi aflicción y mi trabajo
y perdona todos mis pecados.
19 Mira mis enemigos, cómo se han multiplicado
y con odio violento me aborrecen.
20 ¡Guarda mi alma y líbrame!
No sea yo avergonzado, porque en ti he confiado.
21 Integridad y rectitud me guarden,
porque en ti he esperado.

22 ¡Redime, Dios, a Israel
de todas sus angustias!

Declaración de integridad

Salmo de David

26 Júzgame, Jehová,
porque yo en integridad he andado;
he confiado asimismo en Jehová sin titubear.
2 Escudríñame, Jehová, y pruébame;
examina mis íntimos pensamientos y mi corazón,
3 porque tu misericordia está delante de mis ojos
y ando en tu verdad.

4 No me he sentado con hombres hipócritas,
ni entré con los que andan simuladamente.
5 Aborrecí la reunión de los malignos
y con los impíos nunca me senté.

6 Lavaré en inocencia mis manos,
y así, Jehová, andaré alrededor de tu altar,
7 para exclamar con voz de acción de gracias
y para contar todas tus maravillas.

8 Jehová, yo he amado la habitación de tu Casa,
el lugar de la morada de tu gloria.
9 No arrebates con los pecadores mi alma
ni mi vida con hombres sanguinarios,
10 en cuyas manos está el mal
y cuya diestra está llena de sobornos.

11 Pero yo andaré en integridad;
redímeme y ten misericordia de mí.
12 Mi pie ha estado en rectitud;
en las congregaciones bendeciré a Jehová.

Jehová es mi luz y mi salvación

Salmo de David

27 Jehová es mi luz y mi salvación,
¿de quién temeré?
Jehová es la fortaleza de mi vida,
¿de quién he de atemorizarme?

2 Cuando se juntaron contra mí los malignos,
mis angustiadores y mis enemigos,
para comer mis carnes,
ellos tropezaron y cayeron.

3 Aunque un ejército acampe contra mí,
no temerá mi corazón;
aunque contra mí se levante guerra,
yo estaré confiado.

4 Una cosa he demandado a Jehová,
ésta buscaré:
que esté yo en la casa de Jehová
todos los días de mi vida,
para contemplar la hermosura de Jehová
y para buscarlo en su Templo.

5 Él me esconderá en su Tabernáculo en el día del mal;
me ocultará en lo reservado de su morada;
sobre una roca me pondrá en alto.

6 Luego levantará mi cabeza
sobre mis enemigos que me rodean,
y yo sacrificaré en su Tabernáculo sacrificios de júbilo;
cantaré y entonaré alabanzas a Jehová.

7 ¡Oye, Jehová, mi voz con que a ti clamo!
¡Ten misericordia de mí y respóndeme!
8 Mi corazón ha dicho de ti:
«Buscad mi rostro.»
Tu rostro buscaré, Jehová;
9 ¡no escondas tu rostro de mí!

¡No apartes con ira a tu siervo!
¡Mi ayuda has sido!
No me dejes ni me desampares,
Dios de mi salvación.
10 Aunque mi padre y mi madre me dejen,
con todo, Jehová me recogerá.
11 Enséñame, Jehová, tu camino
y guíame por senda de rectitud
a causa de mis enemigos.
12 No me entregues a la voluntad de mis enemigos,
porque se han levantado contra mí testigos falsos
y los que respiran crueldad.

13 Hubiera yo desmayado,
si no creyera que he de ver la bondad de Jehová
en la tierra de los vivientes.
14 ¡Espera en Jehová!
¡Esfuérzate y aliéntese tu corazón!
¡Sí, espera en Jehová!

Plegaria pidiendo ayuda, y alabanza por la respuesta

Salmo de David

28 A ti clamaré, Jehová.
¡Roca mía, no te desentiendas de mí,
no sea que, dejándome tú,
llegue a ser semejante a los que descienden al sepulcro!
2 Oye la voz de mis ruegos
cuando clamo a ti,
cuando alzo mis manos
hacia tu santo Templo.

3 No me arrebates juntamente con los malos
y con los que hacen iniquidad.
Ellos hablan paz con sus prójimos,
pero la maldad está en su corazón.
4 Dales conforme a su obra
y conforme a la perversidad de sus hechos.
Dales su merecido conforme a la obra de sus manos.
5 Por cuanto no atendieron a los hechos de Jehová
ni a la obra de sus manos,
¡él los derribará y no los edificará!

6 ¡Bendito sea Jehová,
que oyó la voz de mis ruegos!
7 Jehová es mi fortaleza y mi escudo;
en él confió mi corazón y fui ayudado,
por lo que se gozó mi corazón.
Con mi cántico lo alabaré.

8 Jehová es la fortaleza de su pueblo
y el refugio salvador de su ungido.
9 Salva a tu pueblo
y bendice a tu heredad;
pastoréalos y susténtalos para siempre.

Poder y gloria de Jehová

Salmo de David

29 Tributad a Jehová, hijos de los poderosos,
dad a Jehová la gloria y el poder.
2 Dad a Jehová la gloria debida a su nombre;
adorad a Jehová en la hermosura de la santidad.

3 Voz de Jehová sobre las aguas.
¡Truena el Dios de gloria:
Jehová sobre las muchas aguas!
4 Voz de Jehová con potencia;
voz de Jehová con gloria.
5 Voz de Jehová que quiebra los cedros;
¡quiebra Jehová los cedros del Líbano!
6 Los hace saltar como becerros;
al Líbano y al Sirión como hijos de toros salvajes.
7 Voz de Jehová que derrama llamas de fuego;
8 voz de Jehová que hace temblar el desierto;
¡hace temblar Jehová el desierto de Cades!
9 Voz de Jehová que desgaja las encinas
y desnuda los bosques.
En su Templo todo proclama su gloria.

10 Jehová preside en el diluvio
y se sienta Jehová como rey para siempre.
11 Jehová dará poder a su pueblo;
Jehová bendecirá a su pueblo con paz.

Acción de gracias por haber sido librado de la muerte

Canto para la dedicación de la Casa.

Salmo de David

30 Te glorificaré, Jehová, porque me has exaltado
y no has permitido que mis enemigos se alegren de mí.
2 Jehová, Dios mío,
a ti clamé y me sanaste.
3 Jehová, hiciste subir mi alma del seol.
Me diste vida, para que no descendiera a la sepultura.

4 ¡Cantad a Jehová, vosotros sus santos,
y celebrad la memoria de su santidad!,
5 porque por un momento será su ira,
pero su favor dura toda la vida.
Por la noche durará el lloro
y a la mañana vendrá la alegría.

6 En mi prosperidad dije yo:
«No seré jamás conmovido»,
7 porque tú, Jehová, con tu favor
me afirmaste como a monte fuerte.
Escondiste tu rostro,
fui turbado.

8 A ti, Jehová, clamaré;
al Señor suplicaré.
9 ¿Qué provecho hay en mi muerte
cuando descienda a la sepultura?
¿Te alabará el polvo?
¿Anunciará tu verdad?
10 Oye, Jehová, y ten misericordia de mí;
Jehová, ¡sé tú mi ayudador!

11 Has cambiado mi lamento en baile;
me quitaste la ropa áspera y me vestiste de alegría.
12 Por tanto, a ti cantaré, gloria mía, y no estaré callado.
Jehová Dios mío, ¡te alabaré para siempre!

Declaración de confianza

Al músico principal. Salmo de David

31 En ti, Jehová, he confiado;
no sea yo confundido jamás.
¡Líbrame en tu justicia!
2 Inclina a mí tu oído,
líbrame pronto.
¡Sé tú mi roca fuerte
y la fortaleza para salvarme!

3 Tú eres mi roca y mi castillo;
por tu nombre me guiarás y me encaminarás.
4 ¡Sácame de la red que me han tendido,
pues tú eres mi refugio!
5 En tu mano encomiendo mi espíritu;
tú me has redimido, Jehová, Dios de verdad.

6 Aborrezco a los que esperan en ídolos vanos;
mas yo en Jehová he esperado.
7 Me gozaré y alegraré en tu misericordia,
porque has visto mi aflicción,
has conocido las angustias de mi alma.
8 No me entregaste en manos del enemigo;
pusiste mis pies en lugar espacioso.

9 Ten misericordia de mí, Jehová, porque estoy en angustia;
se han consumido de tristeza mis ojos,
también mi alma y mi cuerpo.
10 Mi vida se va gastando de dolor
y mis años de suspirar;
¡se agotan mis fuerzas a causa de mi maldad
y mis huesos se consumen!

11 De todos mis enemigos soy objeto de oprobio,
y de mis vecinos mucho más;
soy el horror de mis conocidos.
¡Los que me ven afuera huyen de mí!
12 He sido olvidado de su corazón como un muerto;
he llegado a ser como un vaso quebrado.
13 Oigo la calumnia de muchos;
el miedo me asalta por todas partes,
mientras conspiran juntos contra mí
e idean quitarme la vida.

14 Mas yo en ti, Jehová, confío;
digo: «¡Tú eres mi Dios.
15 En tu mano están mis tiempos!»
Líbrame de manos de mis enemigos y de mis perseguidores.
16 Haz resplandecer tu rostro sobre tu siervo;
¡sálvame por tu misericordia!
17 No sea yo avergonzado, Jehová,
ya que te he invocado;
¡sean avergonzados los impíos,
estén mudos en el seol!
18 Enmudezcan los labios mentirosos,
que hablan contra el justo cosas duras
con soberbia y menosprecio.

19 ¡Cuán grande es tu bondad,
que has guardado para los que te temen,
que has mostrado a los que esperan en ti,
delante de los hijos de los hombres!
20 En lo secreto de tu presencia los esconderás
de la conspiración del hombre;
los pondrás en tu Tabernáculo a cubierto
de lenguas contenciosas.

21 Bendito sea Jehová,
porque ha hecho maravillosa su misericordia para conmigo
en ciudad fortificada.
22 Decía yo en mi apuro:
«Excluido soy de delante de tus ojos»;
pero tú oíste la voz de mis ruegos
cuando a ti clamé.

23 Amad a Jehová, todos vosotros sus santos;
a los fieles guarda Jehová
y retribuye con creces al que procede con soberbia.
24 Esforzaos todos vosotros, los que esperáis en Jehová,
y tome aliento vuestro corazón.

La dicha del perdón

Salmo de David. Masquil

32 Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada
y cubierto su pecado.
2 Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad
y en cuyo espíritu no hay engaño.

3 Mientras callé, se envejecieron mis huesos
en mi gemir todo el día,
4 porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano;
se volvió mi verdor en sequedades de verano. Selah

5 Mi pecado te declaré
y no encubrí mi iniquidad.
Dije: «Confesaré mis rebeliones a Jehová»,
y tú perdonaste la maldad de mi pecado. Selah

6 Por esto orará a ti todo santo
en el tiempo en que puedas ser hallado;
ciertamente en la inundación de muchas aguas
no llegarán éstas a él.
7 Tú eres mi refugio;
me guardarás de la angustia;
con cánticos de liberación me rodearás. Selah

8 «Te haré entender y te enseñaré el camino en que debes andar;
sobre ti fijaré mis ojos.
9 No seáis como el caballo, o como el mulo, sin entendimiento,
que han de ser sujetados con cabestro y con freno,
porque si no, no se acercan a ti.»

10 Muchos dolores habrá para el impío;
mas al que espera en Jehová lo rodea la misericordia.
11 Alegraos en Jehová y gozaos, justos;
¡cantad con júbilo todos vosotros los rectos de corazón!

Alabanzas al Creador y Preservador

33 Alegraos, justos, en Jehová;
en los íntegros es hermosa la alabanza.
2 Aclamad a Jehová con arpa;
cantadle con salterio y decacordio.
3 Cantadle cántico nuevo;
¡hacedlo bien, tañendo con júbilo!,
4 porque recta es la palabra de Jehová
y toda su obra es hecha con fidelidad.
5 Él ama la justicia y el derecho;
de la misericordia de Jehová está llena la tierra.

6 Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos;
y todo el ejército de ellos, por el aliento de su boca.
7 Él junta como montón las aguas del mar;
él pone en depósitos los abismos.

8 ¡Tema a Jehová toda la tierra!
¡Tiemblen delante de él todos los habitantes del mundo!,
9 porque él dijo, y fue hecho;
él mandó, y existió.

10 Jehová hace nulo el plan de las naciones
y frustra las maquinaciones de los pueblos.
11 El plan de Jehová permanecerá para siempre;
los pensamientos de su corazón, por todas las generaciones.
12 Bienaventurada la nación cuyo Dios es Jehová,
el pueblo que él escogió como heredad para sí.

13 Desde los cielos miró Jehová;
vio a todos los hijos de los hombres;
14 desde el lugar de su morada miró
sobre todos los habitantes de la tierra.
15 Él formó el corazón de todos ellos;
atento está a todas sus obras.

16 El rey no se salva por la multitud del ejército
ni escapa el valiente por la mucha fuerza.
17 Vano para salvarse es el caballo;
la grandeza de su fuerza a nadie podrá librar.

18 El ojo de Jehová está sobre los que lo temen,
sobre los que esperan en su misericordia,
19 para librar sus almas de la muerte
y para darles vida en tiempo de hambre.

20 Nuestra alma espera a Jehová;
nuestra ayuda y nuestro escudo es él.
21 Por tanto, en él se alegrará nuestro corazón,
porque en su santo nombre hemos confiado.
22 ¡Sea tu misericordia, Jehová, sobre nosotros,
según esperamos en ti!

La protección divina

Salmo de David, cuando mudó su semblante delante de Abimelec, y él lo echó, y se fue.

34 Bendeciré a Jehová en todo tiempo;
su alabanza estará de continuo en mi boca.
2 En Jehová se gloriará mi alma;
lo oirán los mansos y se alegrarán.
3 Engrandeced a Jehová conmigo
y exaltemos a una su nombre.

4 Busqué a Jehová, y él me oyó
y me libró de todos mis temores.
5 Los que miraron a él fueron alumbrados
y sus rostros no fueron avergonzados.
6 Este pobre clamó, y lo oyó Jehová
y lo libró de todas sus angustias.
7 El ángel de Jehová acampa alrededor de los que lo temen
y los defiende.
8 Gustad y ved que es bueno Jehová.
¡Bienaventurado el hombre que confía en él!
9 Temed a Jehová vosotros sus santos,
pues nada falta a los que lo temen.
10 Los leoncillos necesitan, y tienen hambre;
pero los que buscan a Jehová no tendrán falta de ningún bien.

11 Venid, hijos, oídme;
el temor de Jehová os enseñaré.
12 ¿Quién es el hombre que desea vida,
que desea muchos días para ver el bien?
13 Guarda tu lengua del mal
y tus labios de hablar engaño.
14 Apártate del mal y haz el bien;
busca la paz y síguela.

15 Los ojos de Jehová están sobre los justos
y atentos sus oídos al clamor de ellos.
16 La ira de Jehová está contra los que hacen mal,
para eliminar de la tierra la memoria de ellos.
17 Claman los justos, y Jehová oye
y los libra de todas sus angustias.
18 Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón
y salva a los contritos de espíritu.

19 Muchas son las aflicciones del justo,
pero de todas ellas lo librará Jehová.
20 Él guarda todos sus huesos;
ni uno de ellos será quebrado.
21 Matará al malo la maldad
y los que aborrecen al justo serán condenados.
22 Jehová redime el alma de sus siervos.
¡No serán condenados cuantos en él confían!

Plegaria pidiendo ser librado de los enemigos

Salmo de David

35 Disputa, Jehová, con los que contra mí contienden;
pelea contra los que me combaten.
2 Echa mano al escudo y al pavés,
y levántate en mi ayuda.
3 Saca la lanza,
cierra contra mis perseguidores;
di a mi alma: «¡Yo soy tu salvación!»

4 Sean avergonzados y confundidos
los que buscan mi vida;
sean vueltos atrás y avergonzados
los que mi mal intentan.
5 Sean como el tamo delante del viento,
y el ángel de Jehová los acose.
6 Sea su camino tenebroso y resbaladizo,
y el ángel de Jehová los persiga,

7 porque sin causa escondieron para mí su red en un hoyo;
sin causa cavaron hoyo para mi alma.
8 ¡Véngale el quebrantamiento inesperado,
y la red que él escondió lo atrape!
¡Caiga en ella con quebranto!

9 Entonces mi alma se alegrará en Jehová;
se regocijará en su salvación.
10 Todos mis huesos dirán:
«Jehová, ¿quién como tú,
que libras al afligido del más fuerte que él,
y al pobre y menesteroso del que lo despoja?»

11 Se levantan testigos malvados;
de lo que no sé me preguntan.
12 Me devuelven mal por bien,
para afligir a mi alma.
13 Pero yo, cuando ellos enfermaron, me vestí con ropas ásperas;
afligí con ayuno mi alma
y mi oración se volvía a mi seno.
14 Como por mi compañero, como por mi hermano andaba;
como el que trae luto por madre, enlutado me humillaba.

15 Pero ellos se alegraron en mi adversidad, y se juntaron;
se juntaron contra mí gentes despreciables y yo no lo entendía;
me despedazaban sin descanso;
16 como aduladores, escarnecedores y truhanes,
crujieron contra mí sus dientes.

17 Señor, ¿hasta cuándo verás esto?
Rescata mi alma de sus destrucciones,
mi vida de los leones.
18 Te confesaré en la gran congregación;
¡te alabaré en medio de numeroso pueblo!

19 No se alegren de mí los que sin causa son mis enemigos,
ni los que me odian sin causa guiñen el ojo,
20 porque no hablan paz
y contra los mansos de la tierra
piensan palabras engañosas.
21 Ensancharon contra mí su boca;
dijeron: «¡Con nuestros ojos lo hemos visto!»

22 ¡Tú lo has visto, Jehová! ¡No calles!
¡Señor, no te alejes de mí!
23 ¡Muévete y despierta para hacerme justicia,
Dios mío y Señor mío, para defender mi causa!
24 Júzgame conforme a tu justicia, Jehová, Dios mío,
¡que no se alegren de mí!
25 No digan en su corazón: «¡Ya es nuestro!»
No digan: «¡Lo hemos devorado!»
26 Sean avergonzados y confundidos a una
los que de mi mal se alegran;
vístanse de vergüenza y de confusión
los que se engrandecen contra mí.

27 Canten y alégrense los que están a favor de mi justa causa
y digan siempre: «Sea exaltado Jehová,
que ama la paz de su siervo.»
28 ¡Mi lengua hablará de tu justicia
y de tu alabanza todo el día!

La misericordia de Dios

Al músico principal. Salmo de David, siervo de Jehová

36 La maldad del impío me dice al corazón:
«No hay temor de Dios delante de sus ojos.»
2 Se jacta, por tanto, ante sus propios ojos,
de que su maldad no será hallada y aborrecida.
3 Las palabras de su boca son iniquidad y fraude;
ha dejado de ser sensato y de hacer el bien.
4 Medita maldad sobre su cama,
está en camino no bueno,
el mal no aborrece.

5 Jehová, hasta los cielos llega tu misericordia
y tu fidelidad alcanza hasta las nubes.
6 Tu justicia es como los montes de Dios;
tus juicios, abismo grande.
Tú, Jehová, conservas al hombre y al animal.

7 ¡Cuán preciosa, Dios, es tu misericordia!
¡Por eso los hijos de los hombres
se amparan bajo la sombra de tus alas!
8 Serán completamente saciados de la grosura de tu Casa
y tú les darás de beber del torrente de tus delicias,
9 porque contigo está el manantial de la vida;
en tu luz veremos la luz.
10 Extiende tu misericordia a los que te conocen,
y tu justicia a los rectos de corazón.
11 No me golpee con su pie el soberbio
ni me mueva la mano del impío.
12 Allí cayeron los malhechores;
¡fueron derribados para no levantarse jamás!

El camino de los malos

Salmo de David

37 No te impacientes a causa de los malignos
ni tengas envidia de los malhechores,
2 porque como la hierba serán pronto cortados
y como la hierba verde se secarán.

3 Confía en Jehová y haz el bien;
habitarás en la tierra y te apacentarás de la verdad.
4 Deléitate asimismo en Jehová
y él te concederá las peticiones de tu corazón.

5 Encomienda a Jehová tu camino,
confía en él y él hará.
6 Exhibirá tu justicia como la luz
y tu derecho como el mediodía.

7 Guarda silencio ante Jehová y espera en él.
No te alteres con motivo del que prospera en su camino,
por el hombre que hace lo malo.

8 Deja la ira y desecha el enojo;
no te excites en manera alguna a hacer lo malo,
9 porque los malignos serán destruidos,
pero los que esperan en Jehová heredarán la tierra,

10 pues dentro de poco no existirá el malo;
observarás su lugar, y ya no estará allí.
11 Pero los mansos heredarán la tierra
y se recrearán con abundancia de paz.
12 Maquina el impío contra el justo
y rechina contra él sus dientes.
13 El Señor se reirá de él,
porque ve que viene su día.

14 Los impíos desenvainan espada y tensan su arco
para derribar al pobre y al menesteroso,
para matar a los de recto proceder.
15 Su espada entrará en su mismo corazón
y su arco será quebrado.

16 Mejor es lo poco del justo
que las riquezas de muchos pecadores,
17 porque los brazos de los impíos serán quebrados;
mas el que sostiene a los justos es Jehová.

18 Conoce Jehová los días de los íntegros
y la heredad de ellos será para siempre.
19 No serán avergonzados en el tiempo de dificultad,
y en los días de hambre serán saciados.

20 Mas los impíos perecerán,
los enemigos de Jehová serán consumidos;
como la grasa de los carneros,
se disiparán como el humo.

21 El impío toma prestado y no paga;
pero el justo tiene misericordia y da.
22 Los benditos de él heredarán la tierra
y los malditos de él serán destruidos.

23 Por Jehová son ordenados los pasos del hombre
y él aprueba su camino.
24 Cuando el hombre caiga, no quedará postrado,
porque Jehová sostiene su mano.

25 Joven fui y he envejecido,
y no he visto justo desamparado
ni a su descendencia que mendigue pan.
26 En todo tiempo tiene misericordia y presta.
Su descendencia es para bendición.

27 Apártate del mal, haz el bien
y vivirás para siempre,
28 porque Jehová ama la rectitud
y no desampara a sus santos.
Para siempre serán guardados,
mas la descendencia de los impíos será destruida.
29 Los justos heredarán la tierra
y vivirán para siempre en ella.

30 La boca del justo habla sabiduría
y su lengua habla justicia.
31 La Ley de su Dios está en su corazón;
por tanto, sus pies no resbalarán.

32 Espía el impío al justo
y procura matarlo.
33 Jehová no lo dejará en sus manos
ni lo condenará cuando lo juzguen.

34 Espera en Jehová,
guarda su camino,
y él te exaltará para heredar la tierra;
cuando sean destruidos los pecadores, lo verás.

35 Vi yo al impío sumamente enaltecido
y que se extendía como laurel verde.
36 Pero él pasó, y he aquí ya no estaba;
lo busqué, y no lo hallé.

37 Considera al íntegro y mira al justo,
porque hay un final dichoso para el hombre de paz.
38 Mas los transgresores serán todos a una destruidos;
la posteridad de los impíos será extinguida.

39 Pero la salvación de los justos es de Jehová
y él es su fortaleza en el tiempo de angustia.
40 Jehová los ayudará y los librará;
los libertará de los impíos y los salvará,
por cuanto en él esperaron.

Oración de un penitente

Salmo de David, para recordar

38 Jehová, no me reprendas en tu furor
ni me castigues en tu ira.
2 Tus saetas cayeron sobre mí,
y sobre mí ha descendido tu mano.

3 Nada hay sano en mi carne a causa de tu ira;
ni hay paz en mis huesos a causa de mi pecado,
4 porque mis maldades se acumulan sobre mi cabeza;
como carga pesada me abruman.

5 Hieden y supuran mis llagas
a causa de mi locura.
6 Estoy encorvado, humillado en gran manera,
ando enlutado todo el día,
7 porque mis lomos están llenos de ardor;
nada hay sano en mi carne.
8 Estoy debilitado y molido en gran manera;
¡gimo a causa de la conmoción de mi corazón!

9 Señor, delante de ti están todos mis deseos
y mi suspiro no te es oculto.
10 Mi corazón está acongojado, me ha dejado mi vigor,
y aun la luz de mis ojos me falta ya.
11 Mis amigos y mis compañeros se mantienen lejos de mi plaga,
y mis cercanos se han alejado.

12 Los que buscan mi vida arman lazos,
y los que procuran mi mal me amenazan
y traman engaños todo el día.

13 Pero yo, como si fuera sordo, no oigo,
y soy como un mudo que no abre la boca.
14 Soy, pues, como un hombre que no oye
y en cuya boca no hay reprensiones.

15 Porque en ti, Jehová, he esperado,
tú responderás, Jehová, Dios mío.
16 Dije: «No se alegren de mí;
cuando mi pie resbale, no se engrandezcan sobre mí.»

17 ¡Pero yo estoy a punto de caer
y mi dolor está delante de mí continuamente!
18 Por tanto, confesaré mi maldad
y me entristeceré por mi pecado.
19 Mis enemigos están vivos y fuertes,
y se han aumentado los que me aborrecen sin causa.
20 Los que pagan mal por bien
me son contrarios, por seguir yo lo bueno.

21 No me desampares, Jehová;
Dios mío, no te alejes de mí.
22 ¡Apresúrate a ayudarme,
Señor, salvación mía!

El carácter transitorio de la vida

Al músico principal; a Jedutún. Salmo de David

39 Yo dije: «Atenderé a mis caminos
para no pecar con mi lengua;
guardaré mi boca con freno
en tanto que el impío esté delante de mí.»
2 Enmudecí con silencio,
me callé aun respecto de lo bueno;
pero se agravó mi dolor.
3 Se enardeció mi corazón dentro de mí;
en mi meditación se encendió un fuego
y así proferí con mi lengua:

4 «Hazme saber, Jehová, mi fin
y cuánta sea la medida de mis días;
sepa yo cuán frágil soy.
5 Diste a mis días término corto
y mi edad es como nada delante de ti;
ciertamente, es apenas un soplo todo ser humano que vive. Selah
6 Ciertamente, como una sombra es el hombre;
ciertamente, en vano se afana;
amontona riquezas y no sabe quién las recogerá.

7 »Y ahora, Señor, ¿qué esperaré?
Mi esperanza está en ti.
8 Líbrame de todas mis transgresiones;
no me conviertas en la burla del insensato.
9 Enmudecí, no abrí mi boca,
porque tú lo hiciste.
10 Quita de sobre mí tu plaga;
estoy consumido bajo los golpes de tu mano.
11 Con castigos por el pecado corriges al hombre
y deshaces como polilla lo más estimado de él;
¡ciertamente, es apenas un soplo todo ser humano! Selah

12 »Oye mi oración, Jehová, y escucha mi clamor.
No calles ante mis lágrimas,
porque forastero soy para ti
y advenedizo, como todos mis padres.
13 Déjame, y tomaré fuerzas
antes que vaya y perezca.»

Alabanza por la liberación divina(A)

Al músico principal. Salmo de David

40 Pacientemente esperé a Jehová,
y se inclinó a mí y oyó mi clamor,
2 y me hizo sacar del pozo de la desesperación,
del lodo cenagoso;
puso mis pies sobre peña
y enderezó mis pasos.
3 Puso luego en mi boca cántico nuevo,
alabanza a nuestro Dios.
Verán esto muchos y temerán,
y confiarán en Jehová.

4 ¡Bienaventurado el hombre que puso en Jehová su confianza
y no mira a los soberbios
ni a los que se desvían tras la mentira!
5 Has aumentado, Jehová, Dios mío, tus maravillas
y tus pensamientos para con nosotros.
No es posible contarlos ante ti.
Aunque yo los anunciara y hablara de ellos,
no podrían ser enumerados.

6 Sacrificio y ofrenda no te agradan;
has abierto mis oídos;
holocausto y expiación no has demandado.
7 Entonces dije: «He aquí, vengo;
en el rollo del libro está escrito de mí;
8 el hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado,
y tu Ley está en medio de mi corazón.»

9 He anunciado justicia en la gran congregación;
he aquí, no refrené mis labios,
Jehová, tú lo sabes.
10 No encubrí tu justicia dentro de mi corazón;
he publicado tu fidelidad y tu salvación;
no oculté tu misericordia y tu verdad en la gran congregación.

11 Jehová, no apartes de mí tu misericordia;
tu misericordia y tu verdad me guarden siempre,
12 porque me han rodeado males sin número;
me han alcanzado mis maldades y no puedo levantar la vista.
Se han aumentado más que los cabellos de mi cabeza
y mi corazón me falla.

13 Quieras, Jehová, librarme;
Jehová, apresúrate a socorrerme.
14 Sean avergonzados y confundidos a una
los que buscan mi vida para destruirla.
Vuelvan atrás y avergüéncense
los que mi mal desean.
15 Sean asolados en pago de su afrenta
los que se burlan de mí.

16 Gócense y alégrense en ti
todos los que te buscan,
y digan siempre los que aman tu salvación:
«¡Jehová sea enaltecido!»
17 Aunque yo esté afligido y necesitado,
Jehová pensará en mí.
Mi ayuda y mi libertador eres tú.
¡Dios mío, no te tardes!

Oración pidiendo salud

Al músico principal. Salmo de David

41 Bienaventurado el que piensa en el pobre;
en el día malo lo librará Jehová.
2 Jehová lo guardará, le dará vida
y será bienaventurado en la tierra.
No lo entregarás a la voluntad de sus enemigos.
3 Jehová lo sostendrá en el lecho del dolor;
ablandará su cama en la enfermedad.

4 Yo dije: «Jehová, ten misericordia de mí,
sana mi alma, porque contra ti he pecado.»
5 Mis enemigos hablan mal de mí, preguntando:
«¿Cuándo morirá y perecerá su nombre?»
6 Y si vienen a verme, hablan mentira;
recogen malas noticias
y al salir afuera las divulgan.

7 Reunidos murmuran contra mí todos los que me aborrecen;
contra mí piensan mal, diciendo:
8 «Cosa maligna se ha apoderado de él;
el que cayó en cama no volverá a levantarse.»
9 Aun el hombre de mi paz, en quien yo confiaba,
el que de mi pan comía,
alzó el pie contra mí.
10 Mas tú, Jehová, ten misericordia de mí y hazme levantar,
y les daré el pago.

11 En esto conoceré que te he agradado:
en que mi enemigo no se alegre de mí.
12 En cuanto a mí, en mi integridad me has sustentado
y me has hecho estar delante de ti para siempre.

13 ¡Bendito sea Jehová, el Dios de Israel,
por los siglos de los siglos!
¡Amén y amén!

LIBRO 2

Mi alma tiene sed de Dios

Al músico principal. Masquil de los hijos de Coré

42 Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas,
así clama por ti, Dios, el alma mía.
2 Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo.
¿Cuándo vendré y me presentaré delante de Dios?
3 Fueron mis lágrimas mi pan
de día y de noche,
mientras me dicen todos los días:
«¿Dónde está tu Dios?»

4 Me acuerdo de estas cosas
y derramo mi alma dentro de mí,
de cómo yo iba con la multitud
y la conducía hasta la casa de Dios,
entre voces de alegría y de alabanza
del pueblo en fiesta.

5     ¿Por qué te abates, alma mía,
    y te turbas dentro de mí?
    Espera en Dios,
    porque aún he de alabarlo,
    ¡salvación mía y Dios mío!

6 Dios mío, mi alma está abatida en mí.
Me acordaré, por tanto, de ti
desde la tierra del Jordán
y de los hermonitas, desde el monte Mizar.
7 Un abismo llama a otro
a la voz de tus cascadas;
todas tus ondas y tus olas
han pasado sobre mí.
8 Pero de día mandará Jehová su misericordia
y de noche su cántico estará conmigo,
y mi oración al Dios de mi vida.

9 Diré a Dios: «Roca mía,
¿por qué te has olvidado de mí?
¿Por qué andaré yo enlutado
por la opresión del enemigo?»
10 Como quien hiere mis huesos,
mis enemigos me afrentan
diciéndome cada día:
«¿Dónde está tu Dios?»

11     ¿Por qué te abates, alma mía,
    y por qué te turbas dentro de mí?
    Espera en Dios,
    porque aún he de alabarlo,
    ¡salvación mía y Dios mío!

Plegaria pidiendo vindicación y liberación

43 Júzgame, Dios,
y defiende mi causa;
líbrame de gente impía
y del hombre engañador e inicuo.
2 Tú que eres el Dios de mi fortaleza,
¿por qué me has desechado?
¿Por qué andaré yo enlutado
por la opresión del enemigo?

3 Envía tu luz y tu verdad;
éstas me guiarán,
me conducirán a tu santo monte
y a tus moradas.
4 Me acercaré al altar de Dios,
al Dios de mi alegría y de mi gozo.
Y te alabaré con el arpa,
Dios, Dios mío.

5     ¿Por qué te abates, alma mía,
    y por qué te turbas dentro de mí?
    Espera en Dios,
    porque aún he de alabarlo,
    ¡salvación mía y Dios mío!

Liberaciones pasadas y pruebas presentes

Al músico principal. Masquil de los hijos de Coré

44 Con nuestros oídos, Dios, hemos oído,
nuestros padres nos han contado
la obra que hiciste en sus días,
en los tiempos antiguos.
2 Tú con tu mano echaste las naciones
y los plantaste a ellos;
afligiste a los pueblos
y los arrojaste,
3 pues no se apoderaron de la tierra por su espada,
ni su brazo los libró;
sino tu diestra, tu brazo, y la luz de tu rostro,
porque te complaciste en ellos.

4 Tú, Dios, eres mi rey;
¡manda salvación a Jacob!
5 Por medio de ti sacudiremos a nuestros enemigos;
en tu nombre hollaremos a nuestros adversarios,
6 porque no confiaré en mi arco
ni mi espada me salvará,
7 pues tú nos has guardado de nuestros enemigos,
has avergonzado a los que nos aborrecían.
8 ¡En Dios nos gloriaremos todo el tiempo
y por siempre alabaremos tu nombre! Selah

9 Pero nos has desechado, nos has hecho avergonzar,
y ya no sales con nuestros ejércitos.
10 Nos hiciste retroceder delante del enemigo
y nos saquean para sí los que nos aborrecen.
11 Nos entregas como ovejas al matadero
y nos has esparcido entre las naciones.
12 Has vendido a tu pueblo de balde;
¡no exigiste ningún precio!

13 Nos has hecho objeto de afrenta de nuestros vecinos;
nos pones por escarnio y por burla de los que nos rodean.
14 Nos pusiste por proverbio entre las naciones;
todos al vernos menean la cabeza.
15 Cada día mi vergüenza está delante de mí
y la confusión cubre mi rostro
16 por la voz del que me vitupera y me deshonra,
por razón del enemigo y del vengativo.

17 Todo esto nos ha venido, y no nos hemos olvidado de ti
ni hemos faltado a tu pacto.
18 No se ha vuelto atrás nuestro corazón
ni se han apartado de tus caminos nuestros pasos,
19 para que nos arrojaras al lugar de los chacales
y nos cubrieras con la sombra de la muerte.

20 Si nos hubiéramos olvidado del nombre de nuestro Dios
o alzado nuestras manos hacia un dios ajeno,
21 ¿no lo descubriría Dios?,
pues él conoce los secretos del corazón.
22 Pero por causa de ti nos matan cada día;
somos contados como ovejas para el matadero.

23 ¡Despierta! ¿Por qué duermes, Señor?
¡Despierta! No te alejes para siempre.
24 ¿Por qué escondes tu rostro,
y te olvidas de nuestra aflicción y de la opresión nuestra?
25 Porque nuestra alma está agobiada hasta el polvo
y nuestro cuerpo está postrado hasta la tierra,
26 ¡levántate para ayudarnos
y redímenos por causa de tu misericordia!

Cántico de las bodas del rey

Al músico principal; sobre «Lirios». Masquil de los hijos de Coré. Canción de amores

45 Rebosa mi corazón palabra buena;
dirijo al rey mi canto;
mi lengua es pluma de escribiente muy diestro.

2 Eres el más hermoso de los hijos de los hombres;
la gracia se ha derramado en tus labios;
por tanto, Dios te ha bendecido para siempre.
3 Ciñe tu espada sobre el muslo, valiente,
con tu gloria y majestad.
4 En tu gloria sé prosperado;
cabalga sobre palabra de verdad, de humildad y de justicia.
Tu diestra te enseñará cosas que asombran;
5 tus saetas agudas, con que caerán pueblos debajo de ti,
penetrarán en el corazón de los enemigos del rey.

6 Tu trono, Dios, es eterno y para siempre;
cetro de justicia es el cetro de tu reino.
7 Has amado la justicia y aborrecido la maldad;
por tanto, te ungió Dios, el Dios tuyo, con óleo de alegría
más que a tus compañeros.
8 Mirra, áloe y casia exhalan todos tus vestidos;
desde palacios de marfil te recrean.
9 Hijas de reyes están entre tus ilustres;
está la reina a tu diestra con oro de Ofir.

10 ¡Oye, hija, mira e inclina tu oído!
olvida tu pueblo y la casa de tu padre,
11 y deseará el rey tu hermosura.
Inclínate delante de él, porque él es tu señor.
12 Y las hijas de Tiro vendrán con presentes;
implorarán tu favor los ricos del pueblo.

13 Toda gloriosa es la hija del rey en su morada;
de brocado de oro es su vestido.
14 Con vestidos bordados será llevada al rey;
vírgenes irán en pos de ella,
sus compañeras serán traídas a ti.
15 Serán traídas con alegría y gozo;
entrarán en el palacio del rey.

16 En lugar de tus padres serán tus hijos,
a quienes harás príncipes en toda la tierra.
17 Haré perpetua la memoria de tu nombre en todas las generaciones,
por lo cual te alabarán los pueblos eternamente y para siempre.

Dios es nuestro amparo y fortaleza

Al músico principal; de los hijos de Coré. Salmo sobre Alamot

46 Dios es nuestro amparo y fortaleza,
nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.
2 Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida
y se traspasen los montes al corazón del mar;
3 aunque bramen y se turben sus aguas,
y tiemblen los montes a causa de su braveza. Selah

4 Del río sus corrientes alegran la ciudad de Dios,
el santuario de las moradas del Altísimo.
5 Dios está en medio de ella; no será conmovida.
Dios la ayudará al clarear la mañana.
6 Bramaron las naciones, titubearon los reinos;
dio él su voz y se derritió la tierra.
7     ¡Jehová de los ejércitos está con nosotros!
    ¡Nuestro refugio es el Dios de Jacob! Selah

8 Venid, ved las obras de Jehová,
que ha hecho portentos en la tierra,
9 que hace cesar las guerras hasta los fines de la tierra,
que quiebra el arco, corta la lanza
y quema los carros en el fuego.
10 «Estad quietos y conoced que yo soy Dios;
seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra.»
11     ¡Jehová de los ejércitos está con nosotros!
    ¡Nuestro refugio es el Dios de Jacob! Selah

Patriarcas y Profetas

EL UNGIMIENTO DE DAVID POCAS millas al sur de Jerusalén, "la ciudad del granRey" (Sal. 48: 2), está Belén donde nació David el hijo de Isaí, más de mil años antes que el Niño Jesús hallara su cuna en el establo, y fuera adorado por los magos del oriente. Siglos antes del advenimiento del Salvador,David, en el vigor de la adolescencia cuidó sus rebaños mientras pacían en las colinas que rodean a Belén. El sencillo pastor entonaba los himnos que él mismo componía y con la música de su arpa acompañaba dulcemente la melodía de su voz fresca y juvenil. El Señor había escogido a David, y le estaba preparando, en su vida solitaria con sus rebaños, para la obra que se proponía confiarle en los años venideros. Mientras que David vivía así en el retiro de su vida humilde de pastor, el Señor Dios habló al profeta Samuel acerca de él. "Y dijo Jehová a Samuel: ¿Hasta cuándo has tú de llorar a Saúl, habiéndole yo desechado para que no reine sobre Israel? Hinche tu cuerno de aceite, y ven, te enviaré a Isaí de Beth-lehem: porque de sus hijos me he provisto de rey.... Toma contigo una becerra de la vacada, y di: A sacrificar a Jehová he venido. Y llama a Isaí al sacrificio, y yo te enseñaré lo que has de hacer; y ungirme has al que yo te dijere. Hizo pues Samuel como le dijo Jehová: y luego que él llegó a Beth-lehem, los ancianos de la ciudad le salieron a recibir con miedo, y dijeron: ¿Es pacífica tu venida? Y él respondió: Sí." Los ancianos aceptaron una invitación al sacrificio, y Samuel llamó también a Isaí y sus hijos. Se construyó un altar, y el sacrificio quedó listo. Toda la casa de Isaí estaba presente, con la excepción de David, el hijo menor, al que se había dejado cuidando las ovejas, pues no era seguro dejar a los rebaños sin protección. [692] Cuando el sacrificio hubo terminado, y antes de participar del festín subsiguiente, Samuel inició su inspección profética de los bien parecidos hijos de Isaí. Eliab era el mayor, y el que más se parecía a Saúl en estatura y hermosura. Sus bellas facciones y su cuerpo bien desarrollado llamaron la atención del profeta. Cuando Samuel miró su porte principesco, pensó ciertamente que era el hombre a quien Dios había escogido como sucesor de Saúl; y esperó la aprobación divina para ungirle. Pero Jehová no miraba la apariencia exterior. Eliab no temía al Señor. Si se le hubiera llamado al trono, habría sido un soberano orgulloso y exigente. La palabra del Señor a Samuel fue: "No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová mira no lo que el hombre mira pues que el hombre mira lo que está delante de sus ojos, mas Jehová mira el corazón." Ninguna belleza exterior puede recomendar el alma a Dios. La sabiduría y la excelencia del carácter y de la conducta expresan la verdadera belleza del hombre; el valor intrínseco y la excelencia del corazón determinan que seamos aceptados por el Señor de los ejércitos. ¡Cuán profundamente debiéramos sentir esta verdad al juzgarnos a nosotros mismos y a los demás! Del error de Samuel podemos aprender cuán vana es la estima que se basa enla hermosura del rostro o la nobleza de la estatura. Podemos ver cuán incapaz es la sabiduría del hombre para comprender los secretos del corazón o los consejosde Dios, sin una iluminación especial del cielo. Los pensamientos y modos de Dios en relación con sus criaturas superan nuestras mentes finitas; pero podemos tener la seguridad de que sus hijos serán llevados a ocupar precisamente el sitio para el cual están preparados, y serán capacitados para hacer la obra encomendada a sus manos, con tal que sometan su voluntad a Dios, para que sus propósitos benéficos no sean frustrados por la perversidad del hombre. Terminó Samuel la inspección de Eliab, y los seis hermanos que asistieron al servicio desfilaron sucesivamente para ser [693] observados por el profeta; pero el Señor no dio señal de que hubiese elegido a alguno de ellos. En suspenso penoso, Samuel había mirado al último de los jóvenes; el profeta estaba perplejo y confuso. Le preguntó a Isaí: "¿Hanse acabado los mozos?" El padre contestó: "Aun queda el menor, que apacienta las ovejas." Samuel ordenó que le hicieran llegar, diciendo: "No nos sentaremos a la mesa hasta queél venga aquí." El solitario pastorcillo se sorprendió al recibir la llamada inesperada del mensajero, que le anunció que el profeta había llegado a Belén y le mandaba llamar. Preguntóasombrado por qué el profeta y juez de Israel deseaba verle; pero sin tardanza alguna obedeció al llamamiento. "Era rubio, de hermoso parecer y de bello aspecto." Mientras Samuel miraba con placer al joven pastor, bien parecido, varonil y modesto, le habló la voz del Señordiciendo: "Levántate y úngelo, que éste es." En el humilde cargo de pastor, David había demostrado que era valeroso y fiel; y ahora Dios le había escogido para que fuera el capitán de su pueblo. "Y Samuel tomó el cuerno del aceite, y ungiólo de entre sus hermanos: y desde aquel día en adelante el espíritu de Jehová tomó a David." El profeta había cumplido la obra que se le había designado, y con el corazón aliviado regresó a Rama. Samuel no había hablado de su misión, ni siquiera a la familia de Isaí, y realizó en secreto la ceremonia del ungimiento de David. Fue para el joven un anuncio del destino elevado que le esperaba, para que en medio detodos los diversos incidentes y peligros de sus años venideros, este conocimiento le inspirara a ser fiel al propósito que Dios quería lograr por medio de su vida. El gran honor conferido a David no le ensoberbeció. Apesar del elevado cargo que había de desempeñar, siguió tranquilamente en su ocupación, contento de esperar el desarrollo de los planes del Señor a su tiempo y manera. Tan humilde y modesto como antes de su ungimiento, el pastorcillo regresó a las colinas, para vigilar y cuidar susrebaños tan cariñosamente [694] como antes. Pero con nueva inspiración componía sus melodías, y tocaba el arpa. Ante él se extendía un panorama de belleza rica y variada. Las vides, con sus racimos, brillaban al sol. Los árboles del bosque, con su verde follaje, se mecían con la brisa. Veía al sol, que inundaba los cielos de luz, saliendo como un novio de su aposento, y regocijándose como hombre fuerte que va a correr una carrera. Allí estaban las atrevidas cumbres de los cerros que se elevaban hacia el firmamento; en la lejanía se destacaban las peñas estériles de la montaña amurallada de Moab; y sobre todo se extendía el azul suave de la bóveda celestial. Y más allá estaba Dios. El no podía verle, pero sus obras rebosaban alabanzas. La luz del día, al dorar el bosque y la montaña, el prado y el arroyo, elevaba a la mente y la inducía a contemplar al Padre de las luces, Autor de todo don bueno y perfecto. Las revelaciones diarias del carácter y la majestad de su Creador henchían el corazón del joven poeta de adoración y regocijo. En la contemplación de Dios y de sus obras, las facultades de la mente y del corazón de David se desarrollaban y fortalecían para la obra de su vida ulterior. Diariamente iba participando en una comunión más intima con Dios. Su mente penetraba constantemente en nuevasprofundidades en busca de temas que le inspirasen cantos y arrancasen música a su arpa. La rica melodía de su voz difundida a los cuatro vientos repercutía en las colinas como si fuera en respuesta a los cantos de regocijo de los ángeles en el cielo. ¿Quién puede medir los resultados de aquellos años de labor y peregrinaje entre las colinas solitarias? La comunión con la naturaleza y con Dios, el cuidado diligente de sus rebaños, los peligros y libramientos, los dolores y regocijos de su humilde suerte, no sólo habían de moldear el carácter de David e influir en su vida futura, sino que también por medio de los salmos del dulce cantor de Israel, en todas las edades venideras, habrían de comunicar amor y fe al corazón de los hijos de [695] Dios, acercándolos al corazón siempre amoroso de Aquel en quien viven todas sus criaturas. David, en la belleza y el vigor de su juventud, se preparaba para ocupar una elevada posición entre los más nobles de la tierra. Empleaba sus talentos, como dones preciosos de Dios, para alabar la gloria del divino Dador. Las oportunidades que tenía de entregarse a la contemplación y la meditación sirvieron para enriquecersecon aquella sabiduría y piedad que hicieron de él el amado de Dios y de los ángeles. Mientras contemplaba las perfecciones de su Creador, se revelaban a su alma concepciones más claras de Dios. Temas que antes le eran obscuros, se aclaraban para él con luz meridiana, seallanaban las dificultades, se armonizaban las perplejidades, y cada nuevo rayo de luz le arrancaba nuevos arrobamientos e himnos más dulces de devoción, para gloria de Dios y del Redentor. El amor que leinspiraba, los dolores que le oprimían, los triunfos que le acompañaban, eran temas para su pensamiento activo; y cuando contemplaba el amor de Dios en todas las providencias de su vida, el corazón le latía con adoración y gratitud más fervientes, su voz resonaba en una melodíamás rica y más dulce; su arpa era arrebatada con un gozo más exaltado; y el pastorcillo procedía de fuerza en fuerza, de sabiduría en sabiduría; pues el Espíritu del Señor le acompañaba. [696]

DAVID FUGITIVO

Después de la muerte de Goliat, Saúl retuvo a David consigo y rehusó permitirle que volviera a la casa de su padre. Y sucedió que "el alma de Jonathán fue ligada con la de David, y amólo Jonathán como a su alma." (Véase 1 Samuel 18-22.) Mediante un pacto, Jonatán y David se comprometieron a estar unidos como hermanos; y el hijodel rey "se desnudó la ropa que tenía sobre sí, y dióla a David, y otras ropas suyas, hasta su espada, y su arco, y su talabarte." A David se le confiaron responsabilidades importantes; sin embargo conservó su modestia y se ganó el afecto del pueblo así como también el de la casa real.

"Y salía David a donde quiera que Saúl le enviaba, yportábase prudentemente. Hízolo por tanto Saúl capitán de gente de guerra." David era prudente y fiel, y era evidente que le acompañaba la bendición de Dios. Saúl se daba cuenta a veces de su propia incapacidad para gobernar a Israel, y comprende que el reino estaría más seguro mientras él mismo estuviese relacionado con quien recibiera instrucciones del Señor. Esperaba también quesu relación con David le sirviera de salvaguardia. Puesto que David era favorecido y escudado por el Señor, podía ser su presencia una protección para Saúl cuando salía a la guerra con él.

La providencia de Dios había relacionado a David con Saúl. El puesto que ocupaba David en la corte le había de impartir conocimiento de los asuntos y preparar su grandeza futura. Le pondría en situación de ganarse la confianza de la nación. Las vicisitudes y las dificultadesque le sucedieran a causa de la enemistad de Saúl le conducirían a sentir su dependencia de Dios y a depositartoda su confianza en él. Y la amistad [704] de Jonatán con David provenía también de la providencia de Dios con el fin de conservar la vida al futuro soberano de Israel. En todas estas cosas, Dios desarrollaba sus bondadosos propósitos, tanto para David como para el pueblo de Israel.

Saúl, sin embargo, no permaneció por mucho tiempo en amistad con David. Mientras ambos regresaban de la batalla con los filisteos "salieron las mujeres de todas las ciudades de Israel cantando y con danzas, con tamboriles,y con alegrías y sonajas, a recibir al rey Saúl." Un grupo cantaba: "Saúl hirió sus miles," en tanto que otro grupo respondía cantando: "Y David sus diez miles."

El demonio de los celos penetró en el corazón del rey. Se airó porque el canto de las mujeres de Israel ensalzaba más a David que a él mismo. En lugar de sojuzgar esos sentimientos envidiosos, puso de manifiesto la debilidad de su carácter, y exclamó: "A David dieron diez miles, y a mí miles; no le falta más que el reino."

Uno de los mayores defectos del carácter de Saúl era su amor al favor popular y al ensalzamiento. Este rasgo había ejercido una influencia dominante sobre sus acciones y pensamientos; todo llevaba la marca indeleble de su deseo de alabanza y ensalzamiento propio. Su norma de lo bueno y lo malo era la norma baja del aplauso popular. Ningún hombre está seguro cuando vive para agradar a los hombres, y no busca primeramente la manera de obtener la aprobación de Dios. Saúl ambicionaba ser el primero en la estima de los hombres; y cuando oyó esta canción de alabanza, se asentó en la mente del rey la convicción de que David conquistaría el corazón del pueblo, y reinaría en su lugar.

Saúl abrió su corazón al espíritu de los celos, que envenenó su alma. No obstante las lecciones que había recibido del profeta Samuel, en el sentido de que Dios lograría todo lo que decidiera y nadie podría estorbarle, el rey manifestó claramente que no conocía en verdad los propósitos ni el poder [705] de Dios. El monarca de Israel oponía su voluntad a la del Infinito. Saúl no habíaaprendido, mientras gobernaba el reino de Israel, queprimero debía regir su propio espíritu. Permitía que sus impulsos dominaran su juicio, hasta ser presa de una furia apasionada. Llegaba a veces al paroxismo de la ira y seinclinaba a quitar la vida a cualquiera que osara oponerse a su voluntad. De este frenesí pasaba a un estado de abatimiento y desprecio de si mismo, y el remordimiento se posesionaba de su alma.

Le deleitaba oír a David tocar el arpa, y el espíritu malo parecía huir por el momento; pero un día cuando el joven le atendía y arrancaba notas melodiosas a su instrumento, para acompañar su voz mientras cantaba las alabanzas a Dios, Saúl arrojó de repente su lanza al músico con el objeto de quitarle la vida. David se salvó por la intercesión de Dios, e ileso, huyó del furor del rey enloquecido.

A medida que su odio hacia David aumentaba, Saúl procuraba con mayor diligencia una oportunidad de quitarle la vida; pero ninguno de sus planes contra el ungido de Dios tuvo éxito. Saúl se entregó al dominio del espíritu malo que le gobernaba; en tanto que David confió en Aquel que es poderoso en el consejo y fuerte para librar. "El temor de Jehová es el principio de la sabiduría" (Prov. 9: 10), y David rogaba a Dios continuamente que le ayudara a caminar ante él en una manera perfecta.

Deseando librarse de la presencia de su rival, "apartólo pues Saúl de sí, e hízole capitán de mil.... Mas todo Israel y Judá amaba a David." El pueblo comprendió muy pronto que David era una persona competente, y que atendía con prudencia y pericia los asuntos que se le confiaban. Los consejos del joven eran de un carácter sabio y discreto, y resultaba seguro seguirlos; en tanto que el juicio de Saúl no era a veces digno de confianza y sus decisiones no eran sabias.

Aunque Saúl estaba siempre alerta y en busca de una oportunidad para matar a David, vivía temiéndole, en vista de que [706] evidentemente el Señor estaba con él. El carácter intachable de David provocaba la ira del rey; consideraba que la misma vida y presencia de David significaban un reproche para él, puesto que dejaba a su propio carácter en contraste desventajoso.

La envidia hacía a Saúl desgraciado, y ponía en peligro al humilde súbdito de su trono. ¡Cuánto daño indecible ha producido en nuestro mundo este mal rasgo de carácter! Había en el corazón de Saúl la misma enemistad que incitó el corazón de Caín contra su hermano Abel, porque las obras de Abel eran justas, y Dios le honraba, mientras que las de Caín eran malas, y el Señor no podía bendecirle. La envidia es hija del orgullo, y si se la abriga en el corazón, conducirá al odio, y eventualmente a la venganza y al homicidio. Satanás ponía de manifiesto su propio carácter al excitar la furia de Saúl contra aquel que jamás le había hecho daño.

El rey vigilaba estrictamente a David, con la esperanza de descubrir alguna muestra de temeridad e indiscreciónque sirviera de excusa para hacerlo caer en desgracia. Le parecía imposible quedarse satisfecho mientras no pudieraquitar la vida al joven en forma tal que permitiera justificar ante la nación su acto inicuo. Puso una trampa para los pies de David al incitarle a que guerreara con mayor vigor contra los filisteos, con la promesa de recompensar su valor dándole la mano de su hija mayor. La contestación de David a esta propuesta fue: "¿Quién soy yo, o qué es mi vida, o la familia de mi padre en Israel, para ser yerno del rey?" El monarca demostró su falta de sinceridad casando a la princesa con otro.

El hecho de que Mical, hija menor de Saúl, amara a David le suministró al rey otra ocasión para maquinar contra su rival. La mano de Mical le fue ofrecida al joven, a condición de que diera pruebas de haber derrotado y muerto a un número determinado de los enemigos de la nación. "Saúl pensaba echar a David en manos de los Filisteos;" pero Dios protegió a su siervo. David regresó vencedor de la batalla, para ser hecho yerno del rey. [707]"

Mas Michal la otra hija de Saúl amaba a David," y elmonarca vio con enojo que sus maquinaciones habían resultado en la elevación de aquel a quien trataba dedestruir. Más que nunca se sintió seguro de que era el hombre que el Señor había declarado mejor que él, y que reinaría en el trono de Israel en su lugar.

Quitándose la máscara, ordenó a Jonatán y a todos los oficiales de la corte que mataran al objeto de su odio. Jonatán reveló a David la intención del rey, y le pidió que se escondiera mientras él rogaba a su padre que le perdonara la vida al libertador de Israel. Jonatán expuso al rey lo que David había hecho para preservar el honor y aún la vida de la nación, y cuán terrible sería la culpa del asesino de aquel a quien Dios había usado como instrumento para dispersar a sus enemigos. La conciencia del rey se conmovió, y se le ablandó el corazón. "Y oyendo Saúl la voz de Jonathán, juró: Vive Jehová que no morirá." Se trajo a David a la presencia de Saúl, y siguió sirviéndole, como lo había hecho en el pasado.

Nuevamente se declaró la guerra entre los israelitas y los filisteos, y David dirigió al ejército contra el enemigo. Los hebreos obtuvieron una gran victoria, y la población del reino alabó la sabiduría y el heroísmo de David. Esto sirvió para despertar la anterior amargura de Saúl contra él. Mientras el joven tocaba ante el rey, llenando el palacio con dulces melodías, la pasión de Saúl le dominó, y arrojó a David una lanza, pensando clavar al músico a la pared; pero el ángel del Señor desvió el arma mortal. David escapó, y huyó a su casa.

Saúl envió espías para que le prendieran cuando salierade su casa a la mañana siguiente, y le dieran muerte. Mical informó a David del propósito de su padre. Le instó a que huyera para salvar su vida, y haciéndole bajar por laventana, le permitió escapar. El huyó adonde vivía Samuel, en Rama, y el profeta, sin temer el desagrado del rey, dio la bienvenida al fugitivo. [708]

La casa de Samuel era un sitio apacible en comparación con el palacio real. Allí, en medio de las colinas, era donde el honrado siervo del Señor continuaba su obra. Le acompañaba un grupo de videntes que estudiaban cuidadosamente la voluntad de Dios, y escuchaban reverentemente las palabras de instrucción que salían de los labios de Samuel. Fueron preciosas las lecciones que David aprendió del maestro de Israel.

David creía que Saúl no ordenaría a sus tropas que invadieran este sagrado recinto; pero ningún lugar parecía sagrado para la mente entenebrecido del rey desesperado. La relación de David con Samuel despertaba los celos delrey, por temor a que el anciano reverenciado en todo Israel como profeta de Dios dedicara su influencia a fomentar el progreso del rival de Saúl. Cuando el rey supo dondeestaba David, mandó a sus oficiales para que le trajesen a Gabaa donde pensaba llevar a cabo su designio homicida.

Los mensajeros salieron con el propósito de quitarle lavida a David; pero Uno más grande que Saúl los dominó.Se encontraron con ángeles invisibles, así como Balaam cuando iba de camino para maldecir a Israel. Principiaron a pronunciar frases proféticas de lo que sucedería en el futuro, y proclamaron la gloria y la majestad de Jehová. Así contrarrestó Dios la ira del hombre, y puso de manifiesto su poder para reprimir el mal, mientras queprotegió a su siervo con una muralla de ángeles guardianes.

Estas noticias llegaron a Saúl mientras esperaba ansiosamente tener a David en su poder; pero en vez desentir la reprensión de Dios, se exasperó aún más y envióotros mensajeros. Estos también fueron dominados por elEspíritu de Dios, y se unieron con los primeros para profetizar. Una tercera misión fue enviada por el rey; pero cuando los que la componían llegaron adonde estaban losprofetas, la influencia divina cayó también sobre ellos, y profetizaron.

Saúl decidió entonces ir personalmente, pues su enemistad feroz se había vuelto ingobernable. Resolvió no esperar más [709] oportunidades para matar a David, y que tan pronto como lo tuviera a su alcance lo mataría con su propia mano, fueran lo que fueran las consecuencias.Pero un ángel de Dios le encontró en el camino, y le dominó. El Espíritu de Dios le mantuvo bajo su poder, y salió dirigiendo a Dios oraciones entremezcladas con predicciones y melodías sagradas. Profetizó acerca de la venida del Mesías como Redentor del mundo.

Cuando llegó a la casa del profeta en Rama, puso a un lado las prendas de vestir que señalaban su categoría, y permaneció todo el día y toda la noche acostado ante Samuel y sus discípulos, bajo la influencia del Espíritudivino. El pueblo se congregó para presenciar esta escena extraña, y lo experimentado por el rey se difundió por todas partes. Así volvió a ser proverbial en Israel, esta vez al acercarse el fin de su reinado, que Saúl también estabaentre los profetas.

El perseguidor había sido nuevamente derrotado en sus propósitos. Aseguró a David que estaba en paz con él; pero David tenía poca confianza en el arrepentimiento del rey. Aprovechó esta ocasión para escaparse, no fuera queel humor del rey cambiara, como antes. Su corazón estaba herido, y ansiaba ver otra vez a su amigo Jonatán. Seguro de su inocencia, buscó al hijo del rey, y le dirigió una súplica muy conmovedora. " ¿Qué he hecho yo? le preguntó ¿cuál es mi maldad, o cuál mi pecado contra tu padre, que él busca mi vida?"

Jonatán creía que su padre había mudado su propósito, y que ya no pensaba quitarle la vida a David. Y Jonatán le dijo: "En ninguna manera; no morirás. He aquí que mi padre ninguna cosa hará, grande ni pequeña, que no me la descubra: ¿por qué pues me encubrirá mi padre este negocio? No será así." Jonatán no podía creer que, después de la manifestación extraordinaria del poder deDios, su padre quisiera todavía hacer daño a David, puesto que esto sería una rebelión manifiesta contra Dios. Pero David no estaba convencido. Con intenso fervor declaró a Jonatán: "Ciertamente, vive Jehová y vive tu alma, queapenas hay un paso entre mi y la muerte." [710]

En ocasión de la luna nueva, se celebraba en Israel una fiesta sagrada. Esta fiesta caía en el día que seguía al de la entrevista entre David y Jonatán. En esta fiesta seesperaba que ambos jóvenes aparecieran a la mesa del rey; pero David temía presentarse, y quedó arreglado que fuese a visitar a sus hermanos en Belén. A su regreso se escondería en un campo no muy distante del salón de banquetes, y durante tres días se mantendría ausente de la presencia del rey; y Jonatán observaría los efectos en Saúl. En caso de que preguntara por el paradero del hijo de Isaí, Jonatán diría que se había ido para asistir al sacrificio ofrecido por la casa de su padre. Si el rey noexpresaba ira, sino que contestaba: "Bien está", entonces no sería peligroso para David volver a la corte. Pero si el rey se enfurecía por la ausencia, ello decidiría que David debía huir.

El primer día del banquete el rey no inquirió acerca de la ausencia de David, pero cuando su sitio estuvo vacante el segundo día, preguntó: "¿Por qué no ha venido a comer el hijo de Isaí hoy ni ayer? Y Jonathán respondió a Saúl:David me pidió encarecidamente le dejase ir hasta Beth-lehem. Y dijo: Ruégote que me dejes ir, porque tenemos sacrificio los de nuestro linaje en la ciudad, y mi hermano mismo me lo ha mandado; por tanto, si he hallado gracia en tus ojos, haré una escapada ahora, y visitaré a mis hermanos. Por esto pues no ha venido a la mesa del rey."

Cuando Saúl oyó estas palabras, su ira se desenfrenó. Declaró que mientras viviera David, Jonatán no podría subir al trono de Israel, y exigió que se mandara en seguida por David, para ejecutarle. Jonatán nuevamente intercedió por su amigo, suplicando: " ¿ Por qué morirá? ¿qué ha hecho? " Esta súplica dirigida al rey sirvió sólo para hacerlo más satánico en su furia, y arrojó a su propio hijo la lanza que había destinado para David.

El príncipe se acongojó y se indignó, y saliendo de la presencia real, no asistió más al banquete. El dolor agobiaba su [711] alma cuando fue, en el momento señalado, al sitio donde debía comunicar a David las intenciones del rey hacia él. Ambos se abrazaron, y lloraron amargamente. El odio sombrío del rey obscurecía la vida de los jóvenes, y el dolor de ellos era demasiado intenso para que pudieran expresarle con palabras. Las últimas palabras de Jonatán cuando se separaron para seguir cada uno su respectivo camino cayeron en el oído de David. Fueron: "Vete en paz, que ambos hemos jurado por el nombre de Jehová, diciendo: Jehová sea entre mí y ti, entre mi simiente y la simiente tuya, para siempre."

El hijo del rey regresó a Gabaa, y David se apresuró allegar a Nob, ciudad que se encontraba a pocas millas de distancia, y que también pertenecía a la tribu de Benjamín. Se había llevado de Silo a este sitio el tabernáculo, y allí oficiaba Ahimelech, el sumo sacerdote. David no sabía adónde refugiarse, sino en casa del siervo de Dios. El sacerdote le miró con asombro, al verle llegar con apresuramiento y aparentemente solo, con la ansiedad y la tristeza impresas en el rostro; y le preguntó qué lo traía allí.

El joven temía constantemente ser descubierto, y en su angustia recurrió al engaño. Dijo al sacerdote que el rey le había enviado en una misión secreta, que requería la mayor celeridad. Con esto demostró David falta de fe en Dios, y su pecado causó la muerte del sumo sacerdote. Si le hubiera manifestado claramente los hechos tales como eran, Ahimelech habría sabido qué conducta seguir para proteger su vida. Dios requiere que la verdad distingasiempre a los suyos, aun en los mayores peligros. David le pidió al sacerdote cinco panes. No había más que pan sagrado en poder del hombre de Dios, pero David consiguió vencer los escrúpulos de él, y obtuvo el pan para satisfacer su hambre.

Pero se le presentó un nuevo peligro. Doeg, el principal de los pastores de Saúl, que había aceptado la fe de los hebreos, estaba entonces pagando sus votos en el lugar de culto. Al ver a este hombre, David decidió buscar apresuradamente otro refugio, [712] y conseguir alguna arma con la cual defenderse en caso de que fuese necesario. Le pidió a Ahimelech una espada, y él le dijo que no tenía otra que la de Goliat, conservada como una reliquia en el tabernáculo. David le contestó: "Ninguna como ella: dámela." El valor de David revivió cuando asió la espada que había usado una vez para matar al campeón de los filisteos.

David huyó hasta donde estaba Achis, rey de Gath, pues le parecía que había más seguridad en medio de losenemigos de su pueblo que en los dominios del rey Saúl. Pero se le informó a Achis que David había sido el hombre que había dado muerte al campeón filisteo años antes; yahora el que buscaba refugio entre los enemigos de Israel se encontraba en un gran peligro. Pero fingiendo queestaba loco, pudo engañar a sus enemigos y logró escapar.

Cometió David su primer error al desconfiar de Dios enNob, y el segundo al engañar a Achis. David había revelado nobles rasgos de carácter, y su valor moral le había ganado el favor del pueblo; pero cuando fue probado, su fe vaciló, y aparecieron sus debilidades humanas. Veía en todo hombre un espía y un traidor. En una gran emergencia, David había mirado a Dios con el ojo firme de la fe, y había vencido al gigante filisteo. Creía en Dios, y salió a la lucha en su nombre. Pero mientras se le buscaba y perseguía, la perplejidad y la aflicción casi habían ocultado de su vista a su Padre celestial.

No obstante, lo que experimentaba servía para enseñarsabiduría a David; pues le indujo a comprender su propia debilidad, y la necesidad de depender constantemente deDios. ¡Cuán preciosa y valiosa es la dulce influencia del Espíritu de Dios cuando llega a las almas deprimidas odesesperadas, anima a los de corazón desfalleciente, fortalece a los débiles e imparte valor y ayuda a los probados siervos del Señor! ¡Qué Dios tan bondadoso el nuestro, que trata tan suavemente a los descarriados, y muestra su paciencia y ternura en la adversidad, y cuando estamos abrumados de algún gran dolor!

Todo fracaso de los hijos de Dios se debe a la falta de fe. [713] Cuando las sombras rodean el alma, necesitamos luz y dirección, debemos mirar hacia el cielo; hay luz mas allá de las tinieblas. David no debió de desconfiar un solo momento de Dios. Tenía motivos para confiar en él: era el ungido del Señor, y en medio de los peligros había sido protegido por los ángeles de Dios; se le había armado de valor para que hiciera cosas maravillosas; y si tan sólo hubiera apartado su atención de la situación angustiosa en que se encontraba, y hubiera apartado su atención de la situación angustiosa en que se encontraba, y hubiera pensado en el poder y la majestad de Dios, habría estado en paz aun en medio de las sombras de muerte; habría podido repetir con toda confianza la promesa del Señor: "Los montes se moverán, y los collados temblarán; mas no se apartará de ti mi misericordia, ni el pacto de mi paz vacilará." (Isa. 54: 10.)

En las montañas de Judá, David buscó refugio de la persecución de Saúl. Escapó sin tropiezo de la a la cueva de Adullan, sitio que, con una fuerza pequeña, podía defenderse de un ejercito grande. "Lo cual como oyeronsus hermanos y toda la casa de su padre, vinieron allí aél." La familia de David no podía sentirse segura, sabiendo que en cualquier momento las sospechas irracionales de Saúl podían caer sobre aquella a causa de su parentescocon David. Ya sabían sus miembros, como lo sabía la generalidad de Israel, que Dios había escogido a Davidcomo futuro soberano de su pueblo; y creían que con él, aunque estuviese como fugitivo en una cueva solitaria,estarían más seguros que si se quedaban a merced de la locura de una rey celoso.

En la cueva de Adullam, la familia se hallaba unida por la simpatía y el afecto. El hijo de Isaí podía producir melodías con la voz y con su arpa mientras cantaba: "!Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos igualmente en uno!" (Sal 133: 1.) Había probado las amarguras de la desconfianza de sus propioshermanos; y la armonía que había reemplazado la discordia llenaba de regocijo el corazón del desterrado. Allí fue donde David compuso el salmo 57.

Antes de que transcurriera mucho tiempo se unieron a la[714] compañía de David otros hombres que trataban de escapar a las exigencias del rey. Muchos eran los que habían perdido la confianza en el soberano de Israel, pues podían ver que ya no los guiaba le Espíritu del Señor. "Y juntáronse con él todos los afligidos, y todo el que estaba adeudado, y todos los que se hallaban en amargura de espíritu, y fue hecho capitán de ellos: y tuvo consigo como cuatrocientos hombres." Así tuvo David un pequeño reino propio, y en el imperaba la disciplina y el orden.

Pero aun en su retiro de las montañas, distaba mucho de sentirse seguro; pues de continuo tenía evidencias de que el rey no había renunciado a sus propósitos homicidas. Cerca del rey de Moab halló refugio para suspadres; y luego al recibir una advertencia de peligro, huyó de su escondite hacia el bosque de Hareth.

Lo que experimentaba David no era necesario ni estéril. Dios le sometía a un proceso de disciplina a fin de prepararle tanto para el cargo de sabio general como para el de rey justo y misericordioso. Con su banda de fugitivos, David obtenía una excelente para asumir una obra de la cual Saúl se hacía totalmente indigno por su furia asesina y por su ciega indiscreción. No pueden los hombres alejarse del consejo de Dios, y retener la calma ni la sabidurías necesarias para obrar con justicia y discreción. No hay locura tan temible ni tan desesperada y fútil, como la que consiste en seguir el juicio humano, sin dirección de la sabiduría de Dios.

Saúl había hechos preparativos para atrapar y capturar a David en la cueva de Adullam, y cuando descubrió que David había dejado ese refugio el rey se enfureció mucho. La huida de David era un misterio para Saúl. Sólo podía explicársela por la sospecha de que había en su campamento traidores que habían puesto al hijo de Isaí al tanto de su proximidad y sus propósitos.

Afirmó David a sus consejeros que se había tramado una conspiración contra él, y ofreciéndoles ricos presentesy puestos [715] de honor, los sobornó para que le revelasen quienes entre su pueblo tratado amistosamentea David. Doeg, el idumeo, se hizo el delator. Movido por la ambición y la avaricia y por el odio al sacerdote, que había reprobado sus pecados, Doeg dio parte de la visita de David a Ahimelech, presentando el asunto en forma tal que se encendiera la ira de Saúl contra el hombre de Dios. La palabra de aquella lengua perversa, encendida por elmismo infierno, despertó las peores pasiones del corazónde Saúl. Loco de ira, declaró que debía perecer toda la familia del sacerdote. Y el terrible decreto fue ejecutado. No sólo se mató Ahimelech, sino también a los mismos miembros de la casa de su padre —"ochenta y cinco varones que vestían ephod de lino,"— les dio muerte, por orden del rey, la mano homicida de Doeg.

"Y a Nob, ciudad de los sacerdotes, puso a cuchillo: así a hombres como a mujeres, niños y mamantes, bueyes y asnos y ovejas, todo a cuchillo." Esto era lo que Saúl podía hacer bajo el dominio de Satanás. Cuando Dios declaró que la iniquidad de los amalecitas estaba rebosando, y le ordenó que los destruyera totalmente, Saúl se creyó demasiado compasivo para ejecutar la sentencia divina, ysalvó lo que estaba dedicado a la destrucción; pero ahora, sin ningún mandamiento de Dios, bajo la dirección de Satanás, podía dar muerte a los sacerdotes del Señor, yllevar la ruina a los habitantes de Nob. Tal es la perversidad del corazón humano que ha rechazado la dirección de Dios.

Esta acción llenó a todo Israel de horror. El rey a quien ellos habían escogido era el que había cometido semejante ultraje; y sólo había procedido a la usanza de los reyes de otras naciones que no temían a Dios. El arca estaba con ellos; pero los sacerdotes a quienes solían consultar yacían muertos por la espada. ¿Qué sucedería luego? [716]

EL PECADO DE DAVID Y SU ARREPENTIMIENTO

LA BIBLIA tiene poco que decir en alabanza de los hombres. Dedica poco espacio a relatar las virtudes hasta de los mejores hombres que jamás hayan vivido. Este silencio no deja de tener su propósito y su lección. Todas las buenas cualidades que poseen los hombres son dones de Dios; realizan sus buenas acciones por la gracia de Dios manifestada en Cristo. Como lo deben todo a Dios, la gloria de cuanto son y hacen le pertenece sólo a él; ellos no son sino instrumentos en sus manos.

Además, según todas las lecciones de la historia bíblica, es peligroso alabar o ensalzar a los hombres; pues si uno llega a perder de vista su total dependencia de Dios, y a confiar en su propia fortaleza, caerá seguramente. El hombre lucha con enemigos que son más fuertes que él. "No tenemos lucha contra sangre y carne; sino contra principados, contra potestades, contra señores del mundo, gobernadores de estas tinieblas, contra malicias espirituales en los, aires." (Efes. 6: 12.) Es imposible que nosotros, con nuestra propia fortaleza, sostengamos el conflicto; y todo lo que aleje a nuestra mente de Dios, todo lo que induzca al ensalzamiento o a la dependencia de sí, prepara seguramente nuestra caída. El tenor de la Biblia está destinado a inculcamos desconfianza en el poder humano y a fomentar nuestra confianza en el poder divino.

El espíritu de confianza y ensalzamiento de sí fue el que preparó la caída de David. La adulación y las sutiles seducciones del poder y del lujo, no dejaron de tener suefecto sobre él. También las relaciones con las naciones vecinas ejercieron en él una influencia maléfica. Según las costumbres que prevalecían [776] entre los soberanos orientales de aquel entonces, los crímenes que no se toleraban en los súbditos quedaban impunes cuando se trataba del rey; el monarca no estaba obligado a ejercer el mismo dominio de si que el súbdito. Todo esto tendía aaminorar en David el sentido de la perversidad excesivadel pecado. Y en vez de confiar, humilde en el poder de Dios, comenzó a confiar en su propia fuerza y sabiduría.

Tan pronto como Satanás pueda separar el alma de Dios, la única fuente de fortaleza, procurará despertar los deseos impíos de la naturaleza carnal del hombre. La obra del enemigo no es abrupta; al principio no es repentina ni sorpresivo; consiste en minar secretamente las fortalezas de los principios. Comienza en cosas aparentemente pequeñas: la negligencia en cuanto a ser fiel a Dios y a depender de él por completo, la tendencia a seguir las costumbres y prácticas del mundo.

Antes que terminara la guerra con los amonitas, David regresó a Jerusalén, dejando la dirección del ejército aJoab. Los sirios ya se habían sometido a Israel, y la completa caída de los amonitas parecía segura. David seveía rodeado de los frutos de la victoria y de los honores de su gobierno sabio y hábil. Fue entonces, mientras vivía en holgura y desprevenido, cuando el tentador aprovechóla oportunidad de ocupar su mente. El hecho de que Dios había admitido a David en una relación tan estrecha consigo, y había manifestado tanto favor hacia David, debiera haber sido para él el mayor de los incentivos para conservar inmaculado su carácter. Pero cuando él estaba cómodos tranquilo y seguro de si mismo, se separó de Dios, cedió a las tentaciones de Satanás, y atrajo sobre su alma la mancha de la culpabilidad. El hombre designado por el Cielo como caudillo de la nación, el escogido porDios para ejecutar su ley, violó sus preceptos. Por sus actos el que debía castigar a los malhechores, les fortaleció las manos.

En medio de los peligros de su juventud, David, consciente de su integridad, podía confiar su caso a Dios. La mano del Señor le había guiado y hecho pasar sano ysalvo por infinidad [777] de trampas tendidas para sus pies. Pero ahora, culpable y sin arrepentimiento, no pidió ayuda ni dirección al Cielo, sino que buscó la manera dedesenredarse de los peligros en que el pecado le había envuelto. Betsabé, cuya hermosura fatal había resultado ser una trampa para el rey, era la esposa de Urías el heteo, uno de los oficiales más valientes y más fieles de David. Nadie podía prever cuál seria el resultado si sellegase a descubrir el crimen. La ley de Dios declaraba al adúltero culpable de la pena de muerte, y el soldado de espíritu orgulloso, tan vergonzosamente agraviado, podría vengarse quitándole la vida al rey, o incitando a la nación a la revuelta.

Todo esfuerzo de David para ocultar su culpabilidad resulto fútil. Se había entregado al poder de Satanás; el peligro le rodeaba; la deshonra, que es más amarga que la muerte, le esperaba. No había sino una manera de escapar, y en su desesperación se apresuró a agregar un asesinato a su adulterio. El que había logrado la destrucción de Saúl, trataba ahora de llevar a David también a la ruina. Aunque las tentaciones eran distintas, ambas se asemejaban en cuanto a conducir a la transgresión de la ley de Dios. David pensó que si Urías era muerto por la mano de los enemigos en el campo de batalla, la culpa de su muerte no podría atribuirse a las maquinaciones del rey; Betsabé quedaría libre para ser la esposa de David las sospechas se eludirían y se mantendría el honor real.

Urías fue hecho portador de su propia sentencia de muerte. El rey envió por su medio una carta a Joab, en la cual ordenaba: "Poned a Urías delante de la fuerza de la batalla, y desamparadle, para que sea herido y muera." (Véase 2 Samuel 11, 12.) Joab, ya manchado con la culpade un asesinato protervo, no vaciló en obedecer las instrucciones del rey, y Urías cayó herido por la espada de los hijos de Ammón.

Hasta entonces la foja de servicios de David como soberano había sido tal que pocos monarcas la tuvieron jamás igual. Se nos dice que "hacía David derecho y justicia a todo su pueblo." (2 Sam. 8: 15.) Su integridad le había ganado la, confianza y [778] la lealtad de toda la nación. Pero cuando se apartó de Dios y cedió al maligno, se hizo, por el momento, agente de Satanás; sin embargo, conservaba el puesto y la autoridad que Dios le había dado, y a causa de esto exigía ser obedecido en cosas que hacían peligrar el alma del que las hiciera. Y Joab, más leal al rey que a Dios, violó la ley de Dios por orden del rey.

El poder de David le había sido dado por Dios, pero para que lo ejercitara solamente en armonía con la leydivina. Cuando ordenó algo que era contrario a la ley de Dios, el obedecerle se hizo pecado. "Las [potestades] que son, de Dios son ordenadas" (Rom. 13: 1), pero no debemos obedecerlas en contradicción a la ley de Dios. El apóstol Pablo, escribiendo a los corintios, fija el principio que, ha de guiarnos. Dice: "Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo. (1 Cor. 11: 1.)

Una relación de cómo se había ejecutado su orden fue enviada a David, pero redactada tan cuidadosamente queno comprometió a Joab ni al rey. Joab "mandó al mensajero, diciendo: Cuando acabares de contar al reytodos los negocios de la guerra, si el rey comenzara a enojarse, . . . entonces tú le dirás: También tu siervo Urías Hetheo es muerto. Y fue el mensajero, y llegando, contó a David todas las cosas a que Joab le había enviado." La contestación del rey fue: "Dirás así a Joab: No tengas pesar de esto, que de igual y semejante manera suele consumir la espada: esfuerza la batalla contra la ciudad, hasta que la rindas. Y tú asiéntale."

Betsabé observó los acostumbrados días de luto por su marido; y cuando terminaron, "envió David y recogióla a su casa: y fue ella su mujer." Aquel que antes tenía tan sensible la conciencia y alto el sentimiento del honor que no le permitían, ni aun cuando corría peligro de perder su propia vida, levantar la mano contra el ungido del Señor, se había rebajado tanto que podía agraviar y asesinar a uno de sus más valientes y fieles soldados, y esperar gozar tranquilamente el premio de su pecado. ¡Ay! ¡Cuánto se había envilecido el oro fino! ¡Cómo había cambiado el oro más puro! [779]

Desde el principio, Satanás ha venido presentando a loshombres un cuadro de las ganancias que pueden obtenerse por la transgresión. Así sedujo a los ángeles. Así tentó a Adán y a Eva a que pecaran. Y así sigue todavía apartando a las multitudes de la obediencia a Dios. Representa el camino de, la transgresión como apetecible;"empero su fin son caminos de muerte." (Prov. 14: 12.) ¡Felices aquellos que, habiéndose aventurado en ese camino, aprenden cuán amargos son los frutos del pecado, y se apartan de él a tiempo! En su misericordia, Dios nodejó a David abandonado para que fuese atraído a la ruina total por los premios engañosos del pecado.

También por causa de Israel era necesario que Dios interviniera. Con el transcurso del tiempo se fue conociendo el pecado de David para con Betsabé, y se despertó la sospecha de que él había planeado la muerte de Urías. Esto redundó en deshonor para el Señor. Elhabía favorecido y ensalzado a David, y el pecado de éste representaba mal el carácter de Dios, y echaba oprobio sobre su nombre. Tendía a rebajar las normas de la piedad en Israel, a aminorar en muchas mentes el aborrecimiento del pecado, mientras que envalentonaba en la transgresión a los que no amaban ni temían a Dios.

El profeta Natán recibió órdenes de llevar un mensajede reprensión a David. Era un mensaje terrible en suseveridad. A pocos soberanos se les podría haber dirigido una reprensión sin que el mensajero perdiese la vida. Natán transmitió la sentencia divina sin vacilación, aunque con tal sabiduría celestial que despertó la simpatía y laconciencia del rey y le indujo a que con sus labios emitiera su propia sentencia de muerte. Apelando a David como al guardián divinamente designado para proteger los derechos de su pueblo, el profeta le relató una historia de agravio y opresión que exigía justicia y castigo.

"Había dos hombres en una ciudad —dijo,— el uno rico, y el otro pobre. El rico tenía numerosas ovejas y vacas;mas el pobre no tenía más que una sola cordera, que élhabía comprado y criado, y que había crecido con él y consus hijos [780] juntamente, comiendo de su bocado, y bebiendo de su vaso, y durmiendo en su seno: y teníala como a una hija. Y vino uno de camino al hombre rico; y él no quiso tomar de sus ovejas y de sus vacas, para guisar al caminante que le había venido, sino que tomó la oveja de aquel hombre pobre, y aderezóla para aquel que le había venido."

El rey se airó y exclamó: "Vive Jehová, que el que talhizo es digno de muerte. Y que él debe pagar la cordera con cuatro tantos, porque hizo esta tal cosa, y no tuvo misericordia."

Natán fijó los ojos en el rey; y luego, alzando la mano derecha, le declaró solemnemente: "Tú eres aquel hombre." ¿Por qué pues —continuó— tuviste en poco la palabra de Jehová, haciendo lo malo delante de sus ojos?" Como David, los culpables pueden procurar que su crimenquede oculto para los hombres; pueden tratar de sepultar la acción perversa para siempre, a fin de que el ojo humano no la vea ni lo sepa la inteligencia humana; pero "todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta." (Heb. 4: 13.)"Nada hay encubierto, que no haya de ser manifestado; ni oculto, que no haya de saberse." (Mat. 10: 26.)

Natán le manifestó: "Así ha dicho Jehová, Dios de Israel: Yo te ungí por rey sobre Israel, y te libré de la mano de Saúl; . . . ¿por qué pues tuviste en poco la palabra de Jehová, haciendo lo malo delante de sus ojos? A Urías Hetheo heriste a cuchillo, y tomaste por tu mujer a su mujer, y a él mataste con el cuchillo de los hijos de Ammón. Por lo cual ahora no se apartará jamás de tu casa la espada. . . He aquí yo levantaré sobre ti el mal de tu misma casa, y tomaré tus mujeres delante de tus ojos, ylas daré a tu prójimo. . . . Porque tú lo hiciste en secreto: mas yo haré esto delante de todo Israel, y delante del sol."

El reproche del profeta conmovió el corazón de David; se despertó su conciencia; y su culpa le apareció en toda su enormidad. Su alma se postró en penitencia ante Dios. Con labios temblorosos exclamó: "Pequé contra Jehová." Todo [781] daño o agravio que se haga a otros se extiende del perjudicado a Dios. David había cometido un gravepecado contra Urías y Betsabé, y se daba cuenta perfecta de su gran transgresión. Pero mucho más grave era su pecado contra Dios.

Aunque no se hallara a nadie en Israel que ejecutara la sentencia de muerte contra el ungido del Señor, David tembló por temor de que, culpable y sin perdón, fueseabatido por el rápido juicio de Dios. Pero se le envió por medio del profeta este mensaje: "También Jehová ha remitido tu pecado: no morirás." No obstante, la justicia debía mantenerse. La sentencia de muerte fue transferida de David al hijo de su pecado. Así se le dio al rey oportunidad de arrepentirse; mientras que el sufrimiento y la muerte del niño, como parte de su castigo, le resultaban más amargos de lo que hubiera sido su propia muerte. El profeta dijo: "Por cuanto con este negocio hiciste blasfemar a los enemigos de Jehová, el hijo que te ha nacido morirá ciertamente."

Cuando el niño cayó enfermo, David imploró y suplicó por su vida, con ayuno y profunda humillación. Se despojó de sus prendas reales, hizo a un lado su corona, y noche tras noche yacía en el suelo, intercediendo con dolor desesperado en pro del inocente que sufría a causa de su propia culpa. "Y levantándose los ancianos de su casa fueron a él para hacerlo levantar de tierra; mas él no quiso. "A menudo cuando se habían pronunciado juicios contra personas o ciudades, la humillación y el arrepentimientohabían bastado para apartar el golpe, y el Dios que siempre tiene misericordia y es presto a perdonar, había enviado mensajeros de paz. Alentado por este pensamiento, David perseveró en su súplica mientras vivió el niño. Cuando supo que estaba muerto, con calma y resignación David se sometió al decreto de Dios. Había caído el primer golpe de aquel castigo que él mismo había declarado justo. Pero David, confiando en la misericordia de Dios, no quedó sin consuelo.

Muchos, leyendo la historia de la caída de David, han preguntado: [782] ¿Por qué se hizo público este relato? ¿Por qué consideró Dios conveniente descubrir al mundo este pasaje obscuro de la vida de uno que fue altamente honrado por el Cielo? El profeta, en el reproche que hizo a David, había declarado tocante a su pecado: "Con este negocio hiciste blasfemar a los enemigos de Jehová." A través de las generaciones sucesivas, los incrédulos han señalado el carácter de David y la mancha negra que lleva, y han exclamado en son de triunfo y burla: "¡He aquí el hombre según el corazón de Dios!" Así se ha echado oprobio sobre la religión; Dios y su palabra han sido blasfemados; muchas almas se han endurecido en la incredulidad, y muchos, bajo un manto de piedad, se hanenvalentonado en el pecado.

Pero la historia de David no suministra motivos por tolerar el pecado. David fue llamado hombre según elcorazón de Dios cuando andaba de acuerdo con su consejo. Cuando pecó, dejó de serlo hasta que, por arrepentimiento, hubo vuelto al Señor. La Palabra de Dios manifiesta claramente: "Esto que David había hecho, fuedesagradable a los ojos de Jehová." Y el Señor le dijo a David por medio del profeta: "¿Por qué pues tuviste en poco la palabra de Jehová, haciendo lo malo delante de sus, ojos? . . . Por lo cual ahora no se apartará jamás de tu casa la espada; por cuanto me menospreciaste." Aunque David se arrepintió de su pecado, y fue perdonado y aceptado por el Señor, cosechó la funesta mies de la siembra que él mismo había sembrado. Los juicios que cayeron sobre él y sobre su casa atestiguan cuanto aborrece Dios al pecado.

Hasta entonces la providencia de Dios había protegido aDavid de todas las conspiraciones de sus enemigos, y se había ejercido directamente para refrenar a Saúl. Pero la transgresión de David había cambiado su relación con Dios. En ninguna forma podía el Señor sancionar la iniquidad. No podía ejercitar su poder para proteger a David de los resultados de su pecado como le había protegido de la enemistad de Saúl.

Se produjo un gran cambio en David mismo. Quebrantaba [783] su espíritu la comprensión de su pecado y de sus abarcantes resultados. Se sentía humillado ante los ojos de sus súbditos. Su influencia sufrió menoscabo. Hasta entonces su prosperidad se había atribuido a su obediencia concienzuda a los mandamientos del Señor. Pero ahora sus súbditos, conociendo el pecado de él, podrían verse inducidos a pecar más libremente. En su propia casa, se debilitó su autoridad y su derecho a que sus hijos le respetasen y obedeciesen. Cierto sentido de su culpabilidad le hacía guardar silencio cuando debiera haber condenado el pecado; y debilitaba su brazo para ejecutar justicia en su casa. Su mal ejemplo influyó en sus hijos, y Dios no quiso intervenir para evitar los resultados. Permitió que las cosas tomaran su curso natural, y así David fue castigado severamente.

Durante un año entero después de su caída, David vivióen seguridad aparente; no había evidencia externa deldesagrado de Dios. Pero la sentencia divina pendía sobre él. Rápida y seguramente se aproximaba el día del juicio y del castigo, que ningún arrepentimiento podía evitar, es decir, la agonía y la vergüenza que ensombrecía toda su vida terrenal. Los que, señalando el ejemplo de David, tratan de aminorar la culpa de sus propios pecados, debieran aprender de las lecciones del relato bíblico que el camino de la transgresión es duro. Aunque, como David, se volvieran de sus caminos impíos, los resultados del pecado, aun en esta vida, serán amargos y difíciles de soportar.

Dios quiso que la historia de la caída de David sirvieracomo una advertencia de que aun aquellos a quienes él ha bendecido y favorecido grandemente no han de sentirse seguros ni tampoco descuidar el velar y orar. Así ha resultado para los que con humildad han procurado aprender lo que Dios quiso enseñar con esa lección. De generación en generación, miles han sido así inducidos a darse cuenta de su propio peligro frente al poder tentador del enemigo común. La caída de David, hombre que fue grandemente honrado por el Señor, [784] despertó en ellos la desconfianza de sí mismos. Comprendieron que sólo Dios podía guardarlos por su poder mediante la fe. Sabiendo que en él estaba la fortaleza y la seguridad,temieron dar el primer paso en tierra de Satanás.

Aun antes de que se hubiese dictado la sentencia divinacontra David, éste ya había comenzado a cosechar el fruto de su transgresión. Su conciencia no tenía paz. En el salmo 32 presenta la agonía que su espíritu soportó entonces. Dice:

"Bienaventurado aquel cuyas iniquidades son perdonadas, y borrados sus pecados. Bienaventurado el hombre a quien no imputa Jehová la iniquidad, y en cuyo espíritu no hay superchería. Mientras callé, envejeciéronse mis huesos en mi gemir todo el día. Porque de día y denoche se agravó sobre mí tu mano; volvióse mi verdor en sequedades de estío." (Sal. 32: 1-4.)

Y el salmo 51 es una expresión del arrepentimiento de David, cuando le llegó el mensaje de reprensión de parte de Dios:

"Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia:Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad, y límpiamede mi pecado. Porque yo reconozco mis rebeliones; y mipecado está siempre delante de mí. . . . Purifícame conhisopo, y seré limpio: Lávame, y seré emblanquecido másque la nieve. Hazme oír gozo y alegría; Y se recrearán los huesos que has abatido. Esconde tu rostro de mis pecados, y borra todas mis maldades. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio; y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de delante de ti; y no quites de mí tu santo espíritu. Vuélveme el gozo de tu salud; y el espíritu libre me sustente. Enseñaré a los prevaricadores tus caminos; [785] Y los pecadores se convertirán a ti. Líbrame de homicidios, oh Dios, Dios de mi salud: Cantará mi lengua tu justicia." (Sal. 51: 1-3, 7-14.)

Así en un himno sagrado que había de cantarse en las asambleas públicas de su pueblo, en presencia de la corte, los sacerdotes y jueces, los príncipes y guerreros, y que iba a preservar hasta la última generación el conocimiento de su caída, el rey de Israel relató todo lo concerniente a su pecado, su arrepentimiento, y su esperanza de perdónpor la misericordia de Dios. En vez de procurar ocultar la culpa, quiso que otros se instruyeran por el conocimiento de la triste historia de su caída.

El arrepentimiento de David fue sincero y profundo. No hizo ningún esfuerzo para aminorar su crimen. Lo queinspiró su oración no fue el deseo de escapar a los castigos con que se le amenazaba. Pero vio la enormidadde su transgresión contra Dios; vio la depravación de su alma y aborreció su pecado. No oró pidiendo perdón solamente, sino también pidiendo pureza de corazón. David no abandonó la lucha en su desesperación. Vio la evidencia de su perdón y aceptación, en la promesa hechapor Dios a los pecadores arrepentidos.

"Porque no quieres tú sacrificio, que yo daría; No quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado: Al corazón contrito, y humillado No despreciarás tú, oh Dios." (Vers. 16, 17.)

Aunque David había caído, el Señor le levantó. Estaba ahora más plenamente en armonía con Dios y en simpatíacon sus semejantes que antes de su caída. En el gozo de su liberación cantó:

"Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Confesaré, dije, contra mi mis rebeliones a Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado . . . . [786] Tú eres mi refugio; Me guardarás de angustia; con cánticos de liberación me rodearás." (Sal. 32: 5-7.)

Muchos murmuran contra lo que llaman la injusticia de Dios al salvar a David, cuya culpa era tan grande, después de haber rechazado a Saúl por lo que a ellos les parece ser pecados mucho menos flagrantes. Pero David se humilló y confesó su pecado, en tanto que Saúl menospreció el reproche y endureció su corazón en la impenitencia.

Este pasaje de la historia de David rebosa de significadopara el pecador arrepentido. Es una de las ilustraciones más poderosas que se nos hayan dado de las luchas y las tentaciones de la humanidad, y de un verdadero arrepentimiento hacia Dios y una fe sincera en nuestro Señor Jesucristo. A través de todos los siglos ha resultadoser una fuente de aliento para las almas que, habiendocaído en el pecado, han tenido que luchar bajo el pesoagobiador de su culpa. Miles de los hijos de Dios han sido los que, después de haber sido entregados traidoramente al pecado y cuando estaban a punto de desesperar, recordaron como el arrepentimiento sincero y la confesión de David fueron aceptados por Dios, no obstante habertenido que sufrir las consecuencias de su transgresión; ytambién cobraron ánimo para arrepentirse y procurar nuevamente andar por los senderos de los mandamientos de Dios.

Quienquiera que bajo la reprensión de Dios humille sualma con la confesión y el arrepentimiento, tal como lo hizo David, puede estar seguro de que hay esperanza para él. Quienquiera que acepte por la fe las promesas de Dios,hallará perdón. Jamás rechazará el Señor a un alma verdaderamente arrepentida. El ha dado esta promesa:"Echen mano . . . de mi fortaleza, y hagan paz conmigo. ¡Sí, que hagan paz conmigo!" "Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos: y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar." (Isa. 27: 5, VM; 55: 7) [787]

LOS ÚLTIMOS AÑOS DE DAVID

LA DERROTA de Absalón no trajo inmediatamente la paz al reino. Era tan grande la parte de la nación que se había unido a la rebelión, que David no quiso volver a la capital ni reasumir su autoridad sin que las tribus le invitasen a hacerlo. En la confusión que siguió a la derrota de Absalón, no se tomaron providencias inmediatas y decididas para llamar al rey, y cuando al fin la tribu de Judá inició el plan de hacer volver a David, se despertaron los celos de las otras tribus, y como consecuencia se desató una contrarrevolución. Pero ésta fue rápidamente sofocada, y la paz volvió a reinar en Israel.

La historia de David ofrece uno de los más impresionantes testimonios que jamás se hayan dado con respecto a los peligros con que amenazan al alma el poder, la riqueza y los honores, las cosas que más ansiosamente codician los hombres. Pocos son los que pasaron alguna vez por una experiencia mejor adaptada para prepararlos para soportar una prueba semejante. La juventud de David como pastor, con sus lecciones de humildad, de trabajo paciente y de cuidado tierno por los rebaños, la comunión con la naturaleza en la soledad delas colinas, que desarrolló su genio para la música y parala poesía, y dirigió sus pensamientos hacia su Creador; laprolongada disciplina de su vida en el desierto, que le hacían manifestar valor, fortaleza, paciencia y fe en Dios, habían sido cosas de las que el Señor se valió en su preparación para ocupar el trono de Israel. David había tenido preciosas indicaciones del amor de Dios y había sido abundantemente dotado de su Espíritu; en la historia de Saúl había visto cuán absolutamente inútil es la sabiduría meramente humana. No obstante, el éxito y los honores mundanos habían debilitado tanto el carácter [809] de David que repetidamente fue vencido por el tentador.

Las relaciones con los pueblos paganos provocaron un deseo de seguir las costumbres nacionales de éstos, y encendieron una ambición de grandeza terrenal. Como pueblo de Jehová, Israel había de recibir honores; pero a medida que aumentaron su orgullo y confianza en sí, los israelitas no se conformaron con esa preeminencia. Se preocupaban más por su posición entre las otras naciones. Este espíritu no podía menos que atraer tentaciones.

Con el objeto de extender sus conquistas entre las naciones extranjeras, David decidió aumentar su ejército y requerir servicio militar de todos los que tuviesen edadapropiada. Para llevar a cabo este proyecto, fue necesario hacer un censo de la población. El orgullo y la ambición fueron lo que motivó esta acción del rey. El censo del pueblo revelaría el contraste que había entre la debilidad del reino cuando David ascendió al trono y su fortaleza y prosperidad bajo su gobierno. Esto tendería aun más a fomentar la ya excesiva confianza en sí que sentían tanto el rey como el pueblo. Las Escrituras dicen: "Satanás se levantó contra Israel, e incitó a David a que contase a Israel." (Véase 1 Crónicas 21.) La prosperidad de Israelbajo el gobierno de David se debía más a la bendición de Dios que a la habilidad de su rey o a la fortaleza de su ejército. Pero el aumento de las fuerzas militares del reino daría a las naciones vecinas la impresión de que Israel confiaba en sus ejércitos, y no en el poder de Jehová.

Aunque el pueblo de Israel sentía orgullo de su grandeza nacional, no vio con buenos ojos el proyecto deDavid de extender tanto el servicio militar. La levapropuesta causó mucho descontento; en consecuencia se creyó necesario emplear los oficiales militares en lugar de los sacerdotes y magistrados que anteriormente habían tomado el censo. El objeto de esta empresa era directamente contrario a los principios de la teocracia. Aun Joab protestó a pesar de que hasta entonces se había mostrado tan sin escrúpulos. Dijo él: "Añada Jehová [810]a su pueblo cien veces otros tantos. Rey señor mío, ¿no son todos estos siervos de mi señor? ¿para qué procura mi señor esto, que será pernicioso a Israel? Mas el mandamiento del rey pudo más que Joab. Salió por tanto Joab, y fue por todo Israel; y volvió a Jerusalem."

Aun no se había terminado el censo, cuando David se convenció de su pecado. Condenándose a sí mismo, dijo: "He pecado gravemente en hacer esto: ruégote que hagas pasar la iniquidad de tu siervo, porque yo he hecho muy locamente."

A la mañana siguiente el profeta Gad le trajo a David un mensaje: "Así ha dicho Jehová: Escógete, o tres años de hambre , o de ser por tres meses deshecho delante de tusenemigos, y que la espada de tus adversarios te alcance; o por tres días la espada de Jehová y pestilencia en la tierra, y que el ángel de Jehová destruya en todo el término de Israel: mira pues qué he de responder al que me ha enviado."

La contestación del rey fue: "En grande angustia estoy: ruego que caiga en la mano de Jehová, porque sus miseraciones son muchas, y que no caiga yo en manos de hombres." (2 Sam. 24: 14)

La tierra fue herida por una pestilencia, que destruyó a setenta mil personas en Israel. La pestilencia no habíallegado a la capital cuando "alzando David sus ojos, vio al ángel de Jehová, que estaba entre el cielo y la tierra, teniendo una espada desnuda en su mano, extendida contra Jerusalem. Entonces David y los ancianos se postraron sobre sus rostros, cubiertos de sacos" El rey imploró a Dios en favor de Israel: "¿No soy yo el que hizo contra el pueblo? Yo mismo soy el que pequé, y ciertamente he hecho mal; mas estas ovejas, ¿qué han hecho? Jehová Dios mío, sea ahora tu mano contra mí, y contra la casa de mi padre, y no haya plaga en tu pueblo."

La realización del censo había causado desafecto entre el pueblo; pero éste había participado de los mismos pecados que motivaron la acción de David. Así como el Señor, por medio [811] del pecado de Absalón, trajo castigos sobre David, por medio del error de David, castigó los pecados de Israel.

El ángel exterminador se había detenido en las inmediaciones de Jerusalén. Estaba en el monte Moria, "en la era de Ornán Jebuseo." Por indicación del profeta, David fue a la montaña, y edificó allí un altar a Jehová, "y ofreció holocaustos y sacrificios pacíficos, e invocó a Jehová, el cual le respondió por fuego de los cielos en el altar del holocausto." "Y Jehová se aplacó con la tierra, y cesó la plaga de Israel." (2 Sam. 24: 25.)

El sitio en que se construyó el altar, que de allí en adelante había de considerarse como tierra santa para siempre, fue obsequiado al rey por Ornán. Pero el rey se negó a recibirlo. "No, sino que efectivamente la compraré por su justo precio: porque no tomaré para Jehová lo que es tuyo, ni sacrificaré holocausto que nada me cueste. Y dio David a Ornán por el lugar seiscientos siclos de oro por peso." Este sitio, ya memorable por ser el lugar donde Abrahán había construido el altar para ofrecer a su hijo, y era ahora santificado por esta gran liberación, fue posteriormente escogido como el sitio donde Salomón erigió el templo.

Otra sombra aún había de obscurecer los últimos años de David. Había llegado a la edad de setenta años. Las penurias y vicisitudes de su vida errante en los días de su juventud, sus muchas guerras, los cuidados y las tribulaciones de sus años ulteriores, habían minado su vitalidad. Aunque conservaba su claridad y vigor mentales, la debilidad y la edad, con el consiguiente deseo dereclusión, le impedían comprender rápidamente lo que sucedía en el reino, y nuevamente surgió la rebelión a la sombra misma del trono. Otra vez se manifestó el fruto de la complacencia paternal de David.

El que ahora aspiraba al trono era Adonía, hombre "de hermoso parecer" en su persona y porte, pero sin principios de ninguna clase, y temerario. En su juventud se le había sometido a muy poca restricción y disciplina; pues "su padre nunca lo entristeció en todos sus días con decirle ¿Por qué haces [812] así?" (Véase 1 Reyes 1.) Ahora se rebeló contra la autoridad de Dios, que había designado a Salomón como sucesor de David en el trono. Tanto por sus dotes naturales como por su carácter religioso, Salomón estaba mejor capacitado que su hermano mayor para desempeñar el cargo de soberano de Israel; no obstante, aunque la elección de Dios había sido indicada claramente, Adonía no dejó de encontrar adherentes. Joab, aunque culpable de muchos crímenes, había sido hasta entonces leal al trono; pero ahora se unió a la conspiración contra Salomón, como también lo hizo Abiathar, el sacerdote.

La rebelión estaba madura; los conspiradores se habían reunido en una gran fiesta en las cercanías de la ciudadpara proclamar rey a Adonía, cuando sus planes fueron frustrados por la rápida acción de unas pocas personas fieles, entre las cuales las principales eran Sadoc, el sacerdote, Natán, el profeta, y Betsabé, la madre de Salomón. Estas personas presentaron al rey cómo iban las cosas y le recordaron la instrucción divina de que Salomón debería sucederle en el trono. David abdicó inmediatamente en favor de Salomón, quien fue en seguida ungido y proclamado rey. La conspiración fue aplastada. Sus principales actores habían incurrido en lapena de muerte. Se le perdonó la vida a Abiathar, por respeto a su cargo y a su antigua fidelidad hacia David;pero fue destituido del puesto de sumo sacerdote, quepasó al linaje de Sadoc. A Joab y Adonía se les perdonó por el momento, pero después de la muerte de David sufrieron la pena de su crimen. La ejecución de la sentencia en la persona del hijo de David completó el castigo cuádruple que atestiguaba el aborrecimiento en que Dios tenía el pecado del padre.

Desde los mismos comienzos del reinado de David, uno de sus planes favoritos había sido el de erigir un templo a Jehová. A pesar de que no se le había permitido llevar a cabo este propósito, no había dejado de manifestar celo y fervor por esa idea. Había suplido una gran abundancia de los materiales más costosos: oro, plata, piedras de ónix yde distintos colores; [813] mármol y las maderas más preciosas. Y ahora estos tesoros de valor incalculable, reunidos por David, debían ser entregados a otros; pues otras manos que las suyas iban a construir la casa para el arca, símbolo de la presencia de Dios.

Viendo que su fin se acercaba, el rey hizo llamar a lospríncipes de Israel y a hombres representativos de todas las partes del reino, para que recibieran este legado en calidad de depositarios. Deseaba hacerles su última recomendación antes de morir y obtener su acuerdo y su apoyo en favor de esta gran obra que había de llevarse a cabo. A causa de su debilidad física, no se había contadocon que él asistiera personalmente a esta entrega; pero vino sobre él la inspiración de Dios y con aun mayor medida de fervor y poder que de costumbre pudo dirigirse por última vez a su pueblo. Le expresó su deseo de construir el templo y le manifestó el mandamiento del Señor de que la obra se encomendara a Salomón, su hijo. La promesa divina era: "Salomón tu hijo, él edificará mi casa y mis atrios. porque a éste me he escogido por hijo, y yo le seré a él por padre. Asimismo yo confirmaré su reino para siempre, si el se esforzara a poner por obra mismandamientos y mis juicios, como aqueste día." "Ahora pues —dijo David,— delante de los ojos de todo Israel, congregación de Jehová, y en oídos de nuestro Dios, guardad e inquirid todos los preceptos de Jehová vuestroDios, para que poseáis la buena tierra, y la dejéis porheredad a vuestros hijos, después de vosotros perpetuamente." (Véase 1 Crónicas 28, 29.)

David había aprendido por su propia experiencia cuán duro es el sendero del que se aparta de Dios. Había sentido la condenación de la ley quebrantada, y había cosechado los frutos de la transgresión; y toda su alma se conmovía de solicitud y ansia de que los jefes de Israel fuesen leales a Dios y de que Salomón obedeciese la ley de Dios y evitase los pecados que habían debilitado la autoridad de su padre, amargado su vida y deshonrado a Dios. David sabía que Salomón necesitaría humildad de corazón, una confianza constante en Dios, y una [814]vigilancia incesante para soportar las tentaciones que seguramente le acecharían en su elevada posición; pues los personajes eminentes son el blanco especial de las saetas de Satanás. Volviéndose hacia su hijo, ya reconocido como quien debía sucederle en el trono, David le dijo: "Y tú, Salomón, hijo mío, conoce al Dios de tu padre, y sírvele con corazón perfecto, y con ánimo voluntario; porque Jehová escudriña los corazones de todos, y entiende toda imaginación de los pensamientos. Si tú le buscares, lo hallarás; mas si lo dejares, él te desechará para siempre. Mira, pues, ahora que Jehová te ha elegido para que edifiques casa para santuario: esfuérzate, y hazla."

David dio a Salomón instrucciones minuciosas para la construcción del templo, con modelos de cada una de las partes, y de todos los instrumentos de servicio, tal como selos había revelado la inspiración divina. Salomón eratodavía joven y habría preferido rehuir las pesadas responsabilidades que le incumbirían en la erección del templo y en el gobierno del pueblo de Dios. David dijo a su hijo: "Anímate y esfuérzate, y ponlo por obra; no temas, ni desmayes, porque el Dios Jehová, mi Dios, será contigo: élno te dejará ni te desamparará."

Nuevamente David se volvió a la congregación y le dijo "A solo Salomón mi hijo ha elegido Dios; él es joven y tierno, y la obra grande; porque la casa no es para hombre, sino para Jehová Dios." Y continuó diciendo: "Yo emperocon todas mis fuerzas he preparado para la casa de mi Dios," y procedió a enumerar los materiales que había reunido. Además dijo: "A más de esto, por cuanto tengo mi gusto en la casa de mi Dios, yo guardo en mi tesoro particular oro y plata que, además de todas las cosas que he aprestado para la casa del santuario, he dado para la casa de mi Dios; a saber, tres mil talentos de oro, de oro de Ophir, y siete mil talentos de plata afinada para cubrir las paredes de las casas." Y preguntó a la congregación que había traído sus ofrendas voluntarias: "¿Quién quiere hacer hoy ofrenda a Jehová?"

La asamblea respondió con buena voluntad. "Entonces los [815] príncipes de las familias, y los príncipes de las tribus de Israel, tribunos y centuriones, con los superintendentes de la hacienda del rey, ofrecieron de su voluntad; y dieron para el servicio de la casa de Dios cinco mil talentos de oro y diez mil sueldos, y diez mil talentos de plata, y dieciocho mil talentos de metal, y cinco mil talentos de hierro. Y todo el que se halló con piedras preciosas,diólas para el tesoro de la casa de Jehová, . . . y holgóse el pueblo de haber contribuido de su voluntad; porque conentero corazón ofrecieron a Jehová voluntariamente.

"Asimismo holgóse mucho el rey David, y bendijo a Jehová delante de toda la congregación; y dijo David: Bendito seas tú, oh Jehová, Dios de Israel nuestro padre, de uno a otro siglo. Tuya es, oh Jehová, la magnificencia, y el poder, y la gloria, la victoria, y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehová, es el reino, y la altura sobre todos los que están por cabeza. Las riquezas y la gloria están delante de ti, y tú señoreas a todos: y en tu mano está la potencia y la fortaleza, y en tu mano la grandeza y fuerza de todas las cosas.

"Ahora pues, Dios nuestro, nosotros te confesamos, y loamos tu glorioso nombre. Porque ¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que pudiésemos ofrecer de nuestra voluntad cosa semejante? porque todo es tuyo, y lo recibido de tu mano te damos. Porque nosotros, extranjeros y advenedizos somos delante de ti, como todos nuestros padres; y nuestros días cual sombra sobre la tierra, y no dan espera. Oh Jehová Dios nuestro, toda esta abundancia que hemos aprestado para edificar casa a tu santo nombre, de tu mano es, y todo es tuyo. Yo sé, Dios mío, que tú escudriñas los corazones, y que la rectitud te agrada: por eso yo con rectitud de mi corazón voluntariamente te he ofrecido todo esto, y ahora he visto con alegría que tu pueblo, que aquí se ha hallado ahora, ha dado para ti espontáneamente.

"Jehová, Dios de Abraham, de Isaac, y de Israel, nuestros padres, conserva perpetuamente esta voluntad del corazón de [816] tu pueblo, y encamina su corazón a ti. Asimismo da a mi hijo Salomón corazón perfecto, para que guarde tus mandamientos, tus testimonios y tus estatutos, y para que haga todas las cosas, y te edifique la casa para la cual yo he hecho el apresto. "Después dijo David a toda la congregación: Bendecid ahora a Jehová vuestro Dios. Entonces toda la congregación bendijo a Jehová Dios de sus padres, e inclinándose adoraron delante de Jehová, y del rey."

Con el interés más profundo el rey había reunido aquellos preciosos materiales para la construcción y para el embellecimiento del templo. Había compuesto los himnos gloriosos que en los años venideros habrían de resonar por sus atrios. Ahora su corazón se regocijaba enDios, al ver como los principales de los padres y los caudillos de Israel respondían tan noblemente a su solicitud, y se ofrecían para llevar a cabo la obra importante que los esperaba. Y mientras daban su servicio, estaban dispuestos a hacer más. Añadieron al tesoro más ofrendas de su propio caudal.

David había sentido hondamente su propia indignidad para reunir el material destinado a la casa de Dios, y le llenaba de gozo la expresión de lealtad que había en la pronta respuesta de los nobles de su reino, cuando con corazones solícitos ofrecieron sus tesoros a Jehová, y se dedicaron a su servicio. Pero sólo Dios era el que habíaimpartido esa disposición a su pueblo. Sólo él, y no el hombre, debía ser glorificado. Era él quien había provisto al pueblo con las riquezas de la tierra, y su Espíritu les había dado buena voluntad para traer sus cosas preciosas en beneficio del templo. Todo era del Señor, y si su amor no hubiese movido los corazones del pueblo, los esfuerzos del rey habrían sido en vano y el templo no se habríaconstruido.

Todo lo que el hombre recibe de la bondad de Dios sigue perteneciendo al Señor. Todo lo que Dios ha otorgado, en las cosas valiosas y bellas de la tierra, hasido puesto en las manos de los hombres para probarlos, para sondear la profundidad [817] de su amor hacia él y del aprecio en que tienen sus favores. Ya se trate de tesoros o de dones del intelecto, han de depositarse como ofrenda voluntaria a los pies de Jesús y el dador ha de decir como David: "Todo es tuyo, y lo recibido de tu mano te damos."

Aun cuando sintió que se acercaba su muerte, siguió preocupándose David por Salomón y el reino de Israel, cuya prosperidad iba a depender en gran manera de la fidelidad de su rey. Entonces "mandó a Salomón su hijo, diciendo: Yo voy el camino de toda la tierra: esfuérzate, y sé varón. Guarda la ordenanza de Jehová tu Dios, andando en sus caminos, y observando sus estatutos y mandamientos, y sus derechos y sus testimonios, .. para que seas dichoso en todo lo que hicieres, y en todo aquello a que te tornares; para que confirme Jehová la palabra que me habló, diciendo: Si tus hijos guardaren su camino, andando delante de mí con verdad, de todo su corazón, y de toda su alma, jamás, dice, faltará a ti varón del trono de Israel." (1 Rey. 2: 14)

Las "postreras palabras" de David que hayan sido registradas, constituyen un canto que expresa confianza, principios elevados y fe imperecedera: "

Dijo David hijo de Isaí, Dijo aquel varón que fue levantado alto, el ungido del Dios de Jacob, el suave en cánticos de Israel: El Espíritu de Jehová ha hablado por mí,... El señoreador de los hombres será justo, señoreador en temor de Dios, será como la luz de la mañana cuando sale el sol, de la mañana sin nubes; cuando la hierba de la tierra brota por medio del resplandor después de la lluvia. No así mi casa para con Dios: Sin embargo él ha hecho conmigo pacto perpetuo, Ordenado en todas las cosas, y será guardado; bien que toda esta mi salud, y todo mideseo no lo haga él florecer todavía." (2 Sam. 23: 1-5.) [818]

Grande había sido la caída de David; y profundo fue su arrepentimiento; ardiente su amor, y enérgica su fe. Mucho le había sido perdonado, y por consiguiente él amaba mucho. (Luc 7: 47)

Los salmos de David pasan por toda la gama de la experiencia humana, desde las profundidades del sentimiento de culpabilidad y condenación de sí hasta la fe más sublime y la más exaltada comunión con Dios. La historia de su vida muestra que el pecado no puede traer sino vergüenza y aflicción, pero que el amor de Dios y sumisericordia pueden alcanzar hasta las más hondas profundidades, que la fe elevará el alma arrepentida hasta hacerle compartir la adopción de los hijos de Dios. De todas las promesas que contiene su Palabra, es uno de lostestimonios más poderosos en favor de la fidelidad, la justicia y la misericordia del pacto de Dios.

El hombre "huye como la sombra, y no permanece," "mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre." "La misericordia de Jehová desde el siglo hasta el siglo sobre los que le temen, y su justicia sobre los hijos de los hijos; sobre los que guardan su pacto, y los que se acuerdan de sus mandamientos para ponerlos por obra." "He entendido que todo lo que Dios hace, eso será perpetuo." (Job 14: 2; Isa 40: 8; Sal. 103: 17, 18; Ecl 3: 14)

Grandes y gloriosas fueron las promesas hechas a David y a su casa. Eran promesas que señalaban hacia el futuro, hacia las edades eternas, y encontraron la plenitud de su cumplimiento en Cristo. El Señor declaró:

"Juré a David mi siervo, diciendo: . . . Mi mano será firme con él, mi brazo también lo fortificará.... Y mi verdad y mi misericordia serán con él; y en mi nombre será ensalzado su cuerno. Asimismo pondré su mano en la mar, y en los ríos su diestra. El me llamará: Mi padre eres tú, mi Dios, y la roca de mi salud. Yo también le pondré por primogénito, alto sobre los reyes de la tierra. Para siempre le conservaré mi misericordia; y mi alianza seráfirme con él. Y pondré su simiente [819] para siempre, y su trono como los días de los cielos." (Sal. 89: 3, 21- 29.)

"Juzgará los afligidos del pueblo, salvará los hijos del menesteroso, y quebrantará al violento. Temerte han mientras duren el sol y la luna, por generación de generaciones. . . . Florecerá en sus días justicia, y muchedumbre de paz, hasta que no haya luna. Y dominará de mar a mar, y desde el río hasta los cabos de la tierra. . . . Será su nombre para siempre, Perpetuaráse su nombre mientras el sol dure: Y benditas serán en él todas las gentes: Llamarlo han bienaventurado." (Sal. 72: 4-8, 17.)

"Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado; y el principado sobre su hombro: y llamaráse su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz." "Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo: y le dará el Señor Dios el trono de David supadre: y reinará en la casa de Jacob por siempre; y de su reino no habrá fin." (Isa. 9: 6; Luc. 1: 32, 33) [820]

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